Rincón Literario

ÍNDICE

El corazón de acero

Poema

Poema Dadaísta

Concurso Literario Pedro de Luna

Desde Bagdad un hombre recuerda los días de la Guerra

El cascarrabias, adaptación de la obra Truculentus, de Plauto

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El corazón de acero

Lorena Suñén Cartón 2º ESO A

Todos los seres humanos pensamos que los robots no piensan ni sienten, sino que sólo obedecen nuestras órdenes y deseos. Pero en realidad no es así. Hay robots que tienen corazón entre todos sus componentes tecnológicos y que sufren al darse cuenta de que los humanos los tratamos como máquinas y no como amigos. Y es que, gracias a los robots, hemos avanzado mucho en el mundo tecnológico y en ellos hemos encontrado apoyo cuando lo necesitábamos, sin que se nos pidiera nada a cambio. Eso es lo bueno de la mayoría de los robots, su comprensión. Pero, como he dicho antes, hay algunos robots que buscan nuestro cariño y amistad, y que no lo encuentran. Uno de esos robots era Asimo.

Asimo fue creado en el Departamento de Avance de Tecnología Informática de Japón en el año 2105. Era el más avanzado prototipo de robótica y en el que incontables personas habían trabajado durante muchas décadas. Su objetivo era crear un robot mucho más sofisticado que los fabricados anteriormente. No sólo querían hacer un robot que cumpliera nuestras órdenes y que nos ayudara en nuestras tareas diarias, sino que se pareciera a lo humanos, que los comprendiera y los reconfortara.

El prototipo fue acogido con gran entusiasmo, y Asimo se convirtió en un robot necesario para todos los humanos. Todo iba bien, la gente se alegraba de tener un robot así. Todo el mundo era feliz. Así que ¿quién hubiera imaginado que toda esa paz y felicidad sería muy pronto rota en miles de pedazos? La verdad, nadie. 

Y es que Asimo había sido acogido con gran afecto entre los humanos. Gracias a él llevábamos una vida más placentera y cómoda. Él nos entendía, guiaba y apreciaba; nos consideraba sus amigos. Pero todos sabíamos que jamás podríamos encariñarnos con los robots. Cualquier criatura diferente a nosotros nos asusta y no queremos relacionarnos con ella.

En principio, eso no hubiera sido un problema, pero Asimo tenía corazón y, por tanto, sentimientos. Y eso fue precisamente lo que echó a perder la tranquilidad. Había miles y miles de Asimo en el mundo, tantos que no podíamos controlarlos y, cuando sucedió lo inevitable, nadie pudo pararlo. 

Ocurrió cuando la dueña de un Asimo llegó a casa llorando y suplicando porque todo le fuera mejor. Su Asimo fue a reconfortarla y ella, al sentirse tan impotente, le golpeó y le dijo que le odiaba, que él no podía ayudarla, que no era más que un utensilio inútil. Aquello golpeó a aquel Asimo con la fuerza de una maza y lo hirió en lo más hondo de su corazón. Por supuesto, cuando la mujer se calmó fue a pedirle disculpas y, aunque él la perdonó, sabía que ya era demasiado tarde, porque se había dado cuenta de la triste realidad.

Desde aquel día ningún Asimo pareció cambiar lo más mínimo en su forma de ser y de actuar, aunque todos se habían enterado de lo que le había pasado a su compañero, a través de unos mensajes que él mismo había enviado a todos los suyos, para que se dieran cuenta de cómo los considerábamos. Y todos los Asimo, poco a poco, comenzaron a almacenar un odio hacia los humanos que crecía más y más cada día, por no quererlos aunque fueran robots. Por verlos como herramientas y no como alguien con corazón.

Un día ese odio llegó a un punto culminante y en los periódicos salió la noticia de que varios Asimo habían asesinado a sus dueños, entre los que se encontraban aquel Asimo que había sido insultado por su dueña. Nadie se lo explicaba, y todavía hoy no se ha encontrado una respuesta: ¿cómo habían podido asesinar a su dueños si iba en contra de las leyes de la robótica? Llegó el fatal día en el que los Asimo se sublevaron y acabaron con la raza de los humanos que tanto daño les habían hecho. Ningún humano sobrevivió y los Asimo, al ver lo que habían hecho, se introdujeron un virus en sus sistemas y se dejaron invadir por él, apagándose para siempre. 

No quedó nadie en el mundo. Nadie salvo yo. Yo, que aquí sigo contemplando lo poco que queda de mi ciudad, toda ella sembrada con los cuerpos caídos de humanos y robots, que perecieron de una forma que hubiera parecido inverosímil tiempo atrás. Todavía recuerdo esos días que acuden a mi memoria. Me gustaría acabar con mi patética existencia, pero no puedo. Un humano no tiene tanto valor. Espero, sin esperanza alguna, encontrar a alguien. Alguien que se levante de entre los cadáveres y me explique cómo pudimos acabar así.

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Poema

Sara Haro y Mónica Solares, 2º ESO B

Un día de verano ... 
Desperté con tu aroma, rocé tu poesía, 
eres odio y amor 
y mi dulce melodía. 
Te he querido, te he llorado,
en mi mente tú has estado. 
Un compás que me guía, una rosa que delata, 
un camino, un poema 
y esa luna de plata. 
Te he querido, te he olvidado, 
pero nunca me has amado. 

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Poema Dadaísta

Alumnos/as de 4º de ESO A

Hoy tengo un examen de educación...física
¡Cuánto te quiero!
Y me quiero
Ir a Australia
En el instituto se han suspendido los adverbios
Y si renuncias a tus derechos...
Tus lágrimas son como un báculo en mi corazón
En verano lo vamos a pasar muy bien
Ahora tengo sueño y me aburro y también
Me estoy meando y creo que no puedo más
Tengo sueño
Me muero por tu vida cuando veo esos ojitos
Estoy preocupada
Ahora "monta cruz de fuego, carretera de la muerte"
Mi corazón está triste porque no estás a mi lado
O cada día más alegre y cerca de ti
Tengo ganas de irme a casa para dormir
Y comer lacasitos hasta reventar
Quiero lacasitos y me aburro mogollón
Estoy cansada de esta situación, tengo trabajo
Y poco tiempo 
sólo quiero descansar de una vez
De lo que ves créete la mitad, de lo que no ves no te creas nada
Y no dejes nunca de sonreír
Juan ha comido naranjas y le han sentado mal
No puedo salir de ahí adentro
Me quiero ir a casa
Arriésgate a cometer errores
Quiero descansar, que sea fiesta
Aquí sentada estoy mirando mi reloj.

Zaragoza a 21 de marzo de 2006

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Concurso Literario Pedro de Luna

La Asociación de Padres de Alumnos del LE.5. Pedro de Luna de Zaragoza convoca el l Concurso Literario PEDRO DE LUNA de acuerdo con las siguientes

BASES

1.-Pueden participar alumnos matriculados en el lES PEDRO DE LUNA durante el curso académico 2005-2006

2. Se establecen dos modalidades, Relato corto y Poesía, en dos categorías: 

Categoría I: alumnos de 1°, 2° de ESO

Categoría II: alumnos de 3°, 4° de ESO y 1° Y 2° de Bachillerato

3. Los originales, inéditos y de tema libre, tendrán una extensión máxima de 5 folios en el caso de los Relatos y de 100 versos en el de Poesía en la Categoría II y de 3 folios y 50 versos respectivamente en la Categoría 1.

4. Los textos se presentarán escritos en DIN A4, por una cara y mecanografiados a doble espacio o con procesador de textos en letra Arial o similar, en paso 14 y a 1.5 espacios, sin firma ni indicación alguna del autor/a.

5. Los datos del autor/a se entregarán en sobre cerrado en cuyo exterior figurará el lema o título de la obra.

6. Los trabajos se presentarán en el LE.5 Pedro de Luna antes deiS de Mayo de 2006

7. Se concederán dos premios (Primer premio y Accésit) en cada modalidad y en cada categoría¡ dotados con lote de libros y pluma estilográfica los primeros premios y con lote de libros los accésit

8. El jurado estará compuesto por profesores/as del LE.S. Pedro de Luna¡ miembros del A.P.A y un escritorja de reconocido prestigio y será presidido por el director del centro.

9. Los premios se fallarán en el mes de Mayo y se hará entrega de los mismos en el acto público de despedida de los alumnos de 2° de bachillerato.

10. El fallo del jurado será inapelable, no pudiendo quedar desierto ningún premio.

11. La inscripción en este concurso supone la total aceptación de estas bases.

En Zaragoza a 15 de Marzo de 2006

Patrocina: Ediciones S.M. - La Estilográfica Moderna - Cross

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Desde Bagdad un hombre recuerda los días de la Guerra

J. Santos Sánchez

" ...No se oían violines.
Toda la noche
Oíamos pasar aviones negros.
Rugían los motores fríos
Embarazados de furia.
No tenían piedad.
No iban a apagar fuegos
Sino a incendiar cabezas
de jóvenes.
A convertir en cenizas
Las miradas suplicantes.
A convertir en teas gigantescas
Las ciudades y las plazas
Y los días tranquilos en los que 
Uno va a comprar el pan,
Entra en el mercado
O se para en la calle 
a hablar con otros hombres
que no esperan
que los vayan
a asesinar así,
sin más, en esa esquina."

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