Diniarco

DINIARCO.- Ni ha existido, ni existirá, ni puede existir un ser al que yo deba mayor gratitud y agradecimiento que a Venus, mi protectora. ¡Grandes dioses, qué contento estoy, cómo sufro de alegría ¡Qué grandes y alegres noticias me han comunicado mis amigos! ¡Mis regalos le han gustado, le han encantado a Frone­sial Y, si esto de por sí ya me produce un gran placer, lo que es para mí más dulce que la miel, es saber que despreció y desdeñó los del soldado. Ahora espiaré lo que sucede en su casa, quién entra y quién sale. (Situándose en un rincón alejado de la puerta de Fronesia.) Como ya no tengo nada, no me queda más remedio que conformarme con los favores que caritativamente quiera concederme

Astafia, Diniarco, Pánfila

ASTAFIA.--(Saliendo de casa y hablando a Fronesia, que queda dentro,) Yo haré mi oficio de maravilla. Procura tú tam­bién hacer en casa el tuyo.

PANFILA- Haz el amor, como es tu deber, a tus intereses.

ASTAFIA- Vacíale bien la bolsa. Ahora, mientras está ena­morado,

PANFILA- Mientras tiene la bolsa llena

ASTAFIA.- Descúbrele a tu enamorado tus encantos para que disfrute de su ruina. DINIARCO.- Dime, Astafia, ¿quién es ése que se arruina?

ASTAFIA.--Te lo diré, pero tú guarda silencio. ¿Conoces a nuestro vecino “El Cascarrabias”

DINIARCO.- Claro que sí.

ASTAFIA.--Pues ahora es el que manda en nuestra casa. Ahora es nuestra nueva fuente de ingresos. Dilapida su patrimonio  con la mayor alegría.

DINIARCO.- Pero yo también le he hecho un regalo: mandé traerle cinco minas en metálico y, además, una para las provisiones.

ASTAFIA.--Me consta que ha recibido ese envío. Y ahora con esa comida ellos lo están festejando gracias a tu gentileza.

DINIARCO.- ¿Cómo? ¿Que mis rivales van a dilapidar mis bienes en vuestra casa? Muerto, por Hércules, preferiría estar       ,antes que consentirlo

DINIARCO.- Déjame entrar.

ASTAFIA.--Imposible.. Está ocupada. Las cosas son así. (entra en la casa)

DINIARCO.- (Solo.) Entró en casa y me cerró la puerta ¿Voy yo a consentir semejante ofensa? Pero, ¿para qué chillo tanto? (Viendo llegar a Calicles y Psiconeme acompañado de dos es­clavas Pero, ¿qué es esto? ¡Oh dioses inmortales! ¿Qué veo? Al viejo Calicles, el que en un momento fue mi suegro, y su mujer Psiconeme, .que traen a dos esclavas encadenadas. Una es la pelu­quera de Fronesia, otra una esclava suya. ¡Qué miedo más grande me ha entrado!. (Se retira al fondo de la escena.)

Calicles, Psiconeme, Peluquera, Esclava, DIniarco

CALICLES.- (Con ironía, a su esclava.) ¿Hablarte yo a ti o (a la peluquera) a ti con dureza y trataros yo con dureza? En mi opinión, ya habéis podido comprobar con precisión lo bondadoso y pacífico que soy. Por eso os he interrogado a las dos colgadas de una viga, después de haberos zurrado la badana. Y recuerdo muy bien todos los detalles de vuestra confesión

PELUQUERA.- La violencia a que nos somete nos obliga a confesar la verdad Estas correas nos martirizan los brazos.

PSICONEME.- Pero si nos confesáis la verdad, seréis liberadas de vuestras ataduras.

DINIARCO.- (Aparte) Todavía no acierto a saber ni a com­prender de qué se trata. Sólo sé que estoy muerto de miedo, porque conozco bien mis calaveradas

CALICLES.- En primer lugar apartaos una de otra. (Las dos mujeres se separan) Así, muy bien; así es como quiero. Para que nos os hagáis señas.

PSICONEME.- ¿Qué fue del niño que dio a luz mi hija, de mi nieto? Y ve al grano.

ESCLAVA.- (Señalando a la peluquera) Se lo di a ella.

PSICONEME.-. (A la peluquera) ¿Es verdad que te dio ella el niño?

PELUQUERA.- Sí.

CALICLES (Aparte a Psiconeme) De momento concuerdan las declaracio­nes de ambas.

DINlARCO.- (Aparte) ¡Ay, pobre de mí! A pesar de que es­peraba poder guardarlas en secreto, ahora mismo van a descu­brirme.

CALlCLES.- (A su esclava) Habla, tú. ¿Quién te mandó dar­le a esta bribona el niño?

ESCLAVA.- Mi ama joven

PSICONEME.- (A la peluquera) ¿Y tú? ¿Por qué lo cogiste?

PELUQUERA.- Mi ama vieja me pidió que le llevara un niño y mantuviera todo en secreto.

CALICLES.- (A la peluquera). ¿Qué hiciste con el niño?

PELUQUERA.- Se lo llevé a mi ama

CALICLES.- ¡Diablos! ¿A qué ama?

ESCLAVA.- Es que tiene dos amas.

CALICLES.- Guárdate de hablar si no te pregunto. (A la peluquera) Le pregunto a la peluquera.

PELUQUERA.- La ama vieja, ¿entiendes?, se lo dio a la ama joven

PSICONEME.-¿A qué ama joven?

ESCLAVA.- a la del ama

CALICLES.-. ¿Qué hizo ella con el niño que le dieron?

PELUQUERA.- Lo hizo pasar por hijo de otra

CALICLES.-¿De quien?

PELUQUERA.- suyo

PSICONEME.- ¿Pero no has dicho que es de otra?

ESCLAVA.- Pero es que la otra es el ama

CALICLES.- ¿Qué ama?

PELUQUERA.- La que tuvo el hijo

PSICONEME- ¡ay Calicles!, No me entero de nada, con este entuerto nunca sabremos nada de nuestro nieto.

CALICLES.- ¡Basta de palabrería! ¿dónde está el niño? Os aseguro por Pólux que como no habléis soy capaz de torturaros hasta que no sirváis ni como comida para los cerdos

ESCLAVA.- No te pongas así, el niño está en casa de Fronesia.

PSICONEME.- ¡Benditos sean los dioses! ¡Cuánto más fácil puede  resultarle a una mujer que a otra dar a luz al mismo niño! (Mirando hacia casa de Fronesia)

CALICLES.- Esta bribona, apro­vechando los dolores de otra, sin sufrimiento alguno, ha dado a luz un niño. ¡Y vaya suerte que tuvo el niño!¡ Así tiene dos madres y dos abuelas! Estoy intrigrado por saber cuantos padres ha tenido. Fijaos, por favor, en la astucia femenina

PELUQUERA.- (A la esclava) Me parece, por Pólux, que esa astucia pertenece más a los hombres que a las mujeres. Fue un hombre, no una mujer quien la dejó embarazada

PSICONEME.- Eso también lo se yo, pero tú que tenías que vigilarla, que mal cumpliste tu cometido ¿verdad?

ESCLAVA.- Hasta ahora me he callado Pero ya no callaré, ya que está presente y no da la cara

CALICLES.- (A su esclava.) Vamos, dime de una vez quién  mancilló la honra de mi hija, que todavía era virgen.

DINIARCO.- (Aparte.) Estoy más muerto que vivo e ignoro que puedo hacer. No sé ni cómo escapar ni cómo dirigirme al viejo. El temor me tiene paralizado.

CALICLES.- (A la esclava.) ¿Vas a decir su nombre, si o no?

ESCLAVA.- Ha sido DINIARCO, el joven al que le habías prometido anteriormente la mano de tu hija.

CALICLES.- ¿Y dónde está ese hombre que acabas de nombrar?

DINIARCO.- Aquí estoy, Calicles. (Arrojándose a los pies de Calicles.) Por tus rodillas te suplico, juzgad mi locura con cordura y perdonadme la falta que cometí: no era dueño de mí; fue por culpa del vino.

PSICONEME- No me vale esa excusa. Echas la culpa a un mudo, que no puede hablar. Pues si el vino pudiese hablar, se defendería. No es el vino el que suele dominar a los hombres, sino los hombres al vino, al menos los hombres de bien. Pero los canallas, se emborrachen o se abstengan de probar el vino,de todas formas son canallas por naturaleza.

DINlARCO.- Sé muy bien que he de resignarme a oír muchas cosas que no quisiera, por culpa de mi delito. Confieso que soy culpable y, por tanto, tienes derecho a castigarme.

PELUQUERA.- Calicles, por favor, estás cometiendo una gran injusticia. El reo puede defenderse libre de ataduras, y, en cambio, mantienes encadenados a los testigos.

CALICLES.- (A Psiconeme.) Suéltalas

PSICONEME.- (Suelat a la esclava y la peluquera.) Vamos, íos a casa (a su esclava), tú a la tuya y (a la peluquera) tú a la tuya. Y dile a tu ama que le entregue el niño al que vaya a buscarlo. (A DINIARCO.)

ESCLAVA.- Qué difícil es ser servir a dos amas

PELUQUERA.- Pues anda que peinarlas….

(salen de escena la peluquera y la esclava)

CALICLES.- Vamos, camina ante  el juez

DINlARCO.- ¿Para qué quieres que vaya ante el juez? Para mí tú eres el pretor. Pero te suplico, Calicles, que me des a tu hija por esposa.

CALICLES.- Me da la impresión, por Pólux, de que tú mismo te la has adjudicado de antemano. Ahora lo mejor que puedes hacer es ir a reclamar a tu hijo. Después, lo más pronto posible, llévate de mi casa a tu esposa. Nos vamos. Ahora mismo voy a enviarle un mensaje a mi consuegro, para decirle unas cuantas cosas.

DINIARCO.- Y yo voy a exigirle la devolución del niño a Fronesia, no sea que más tarde lo niegue todo.

Fronesia, Diniarco, Pánfila

FRONESIA.- (Saliendo de casa, sin ver a DINIARCO.) Una sosaina y una bobaina es la cortesana que no sabe velar por sus intereses cuando está borracha. Aunque sus restantes órganos estén empapados de vino, su cabeza, al menos, debe permanecer despejada. Porque ¡cómo me duele que mi peluquera haya sido maltratada tan cruelmente! Además, acaba de decirme que se ha descubierto que mi niño es hijo de DINIARCO. Así que, nada más oír esto, aunque estaba borracha, me levanté de la mesa y salí a la calle corriendo

DINIARCO.- (Aparte.) Ahí veo a la que está en posesión de toda mi fortuna y mi hijo.

Fronesia, venía a verte.

FRONESIA.- ¿Cómo estás, amor mío?

DINIARCO.- Nada de "amor mío", déjate de tonterías. No vengo a hablar de esas cosas.

FRONESIA.- Sé perfectamente, por Cástor, qué quieres, qué deseas y qué vienes a buscar. Quieres verme, deseas dejarme y vienes a buscar al niño, Ya sé que tienes prometida y un hijo de tu prometida, que tienes que casarte inmediatamente con ella, que tu corazón está prisionero en otra parte y, en consecuencia, no te vas a volver a acordar de mí. Pero fíjate en los diminutos ratoncitos qué animales más listos son: jamás confían su vida a una sola madriguera,. DINIARCO.- Cuando tenga tiempo, ya hablaré contigo más detenidamente de esas cosas. Ahora devuélveme el niño.

FRONESIA.- ¿no me lo puedes dejar todavía un poco más?

DINIARCO.- De ninguna manera.

FRONESIA.- ¡Por favor!

DINIARCO.- ¿Para qué lo necesitas? ¿no ves cómo mi vida se derrumba y sólo es capaz de salvarla el llanto de un niño?

- escena muda -

FRONESIA.- Mira, si te vas a poner así. ¡Toma! (le da al niño),

DINIARCO.- Y ahora adiós, Fronesia.

FRONESIA.- Di mejor, “hasta la próxima”

(Entran Pánfila y Astafia)

PANFILA- ¡Fronesia, fronesia!

FRONESIA. Dime ¿Qué pasa?

PANFILA.--Viene el padre del niño

FRONESIA.- ¿pero si se acaba de ir?

PANFILA.-No el otro, el falso padre

FRONESIA.- ¿Y ahora qué le digo? Va a descubrir el engaño.

PANFILA.-Viene directamente

FRONESIA.-  Ve a buscar a Astafia por si la necesito. (sale Pánfila) Me confiaré a Venus. Por Júpiter, que voy a acabar con él y con mis bien urdidos engaños.

FIN DEL CUARTO ACTO

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