Acto Cuarto |
Escena Primera |
DiniarcoDINIARCO.-
Ni ha existido, ni existirá, ni puede existir un ser al que yo deba
mayor gratitud y agradecimiento que a Venus, mi protectora. ¡Grandes
dioses, qué contento estoy, cómo sufro de alegría ¡Qué grandes y
alegres noticias me han comunicado mis amigos! ¡Mis regalos le han
gustado, le han encantado a Fronesial Y, si esto de por sí ya me
produce un gran placer, lo que es para mí más dulce que la miel, es
saber que despreció y desdeñó los del soldado. Ahora espiaré lo que
sucede en su casa, quién entra y quién sale. (Situándose en un rincón
alejado de la puerta de Fronesia.) Como ya no tengo nada, no me queda más
remedio que conformarme con los favores que caritativamente quiera
concederme
Astafia, Diniarco, PánfilaASTAFIA.--(Saliendo
de casa y hablando a Fronesia, que queda dentro,) Yo haré mi oficio de
maravilla. Procura tú también hacer en casa el tuyo. PANFILA-
Haz el amor, como es tu deber, a tus intereses. ASTAFIA-
Vacíale bien la bolsa. Ahora, mientras está enamorado, PANFILA-
Mientras tiene la bolsa llena ASTAFIA.-
Descúbrele a tu enamorado tus encantos para que disfrute de su ruina. DINIARCO.-
Dime, Astafia, ¿quién es ése que se arruina? ASTAFIA.--Te
lo diré, pero tú guarda silencio. ¿Conoces a nuestro vecino “El
Cascarrabias” DINIARCO.-
Claro que sí. ASTAFIA.--Pues
ahora es el que manda en nuestra casa. Ahora es nuestra nueva fuente de
ingresos. Dilapida su patrimonio con
la mayor alegría. DINIARCO.-
Pero yo también le he hecho un regalo: mandé traerle cinco minas en
metálico y, además, una para las provisiones. ASTAFIA.--Me
consta que ha recibido ese envío. Y ahora con esa comida ellos lo están
festejando gracias a tu gentileza. DINIARCO.-
¿Cómo? ¿Que mis rivales van a dilapidar mis bienes en vuestra casa?
Muerto, por Hércules, preferiría estar
,antes que consentirlo DINIARCO.-
Déjame entrar. ASTAFIA.--Imposible..
Está ocupada. Las cosas son así. (entra en la casa) DINIARCO.-
(Solo.) Entró en casa y me cerró la puerta ¿Voy yo a consentir
semejante ofensa? Pero, ¿para qué chillo tanto? (Viendo llegar a
Calicles y Psiconeme acompañado de dos esclavas Pero, ¿qué es esto?
¡Oh dioses inmortales! ¿Qué veo? Al viejo Calicles, el que en un
momento fue mi suegro, y su mujer Psiconeme, .que traen a dos esclavas
encadenadas. Una es la peluquera de Fronesia, otra una esclava suya.
¡Qué miedo más grande me ha entrado!. (Se retira al fondo de la
escena.)
Calicles,
Psiconeme, Peluquera, Esclava, DIniarco
CALICLES.-
(Con ironía,
a su esclava.) ¿Hablarte yo a ti o (a la peluquera) a ti con dureza y
trataros yo con dureza? En mi opinión, ya habéis podido comprobar con
precisión lo bondadoso y pacífico que soy. Por eso os he interrogado a
las dos colgadas de una viga, después de haberos zurrado la badana. Y
recuerdo muy bien todos los detalles de vuestra confesión PELUQUERA.-
La
violencia a que nos somete nos obliga a confesar la verdad Estas correas
nos martirizan los brazos. PSICONEME.-
Pero si
nos confesáis la verdad, seréis liberadas de vuestras ataduras. DINIARCO.-
(Aparte) Todavía no acierto a saber ni a comprender de qué se trata.
Sólo sé que estoy muerto de miedo, porque conozco bien mis calaveradas CALICLES.-
En primer lugar apartaos una de otra. (Las dos mujeres se separan) Así,
muy bien; así es como quiero. Para que nos os hagáis señas. PSICONEME.-
¿Qué fue del niño que dio a luz mi hija, de mi nieto? Y ve al grano. ESCLAVA.-
(Señalando
a la peluquera) Se lo di a ella. PSICONEME.-.
(A la peluquera) ¿Es verdad que te dio ella el niño? PELUQUERA.-
Sí. CALICLES
(Aparte a Psiconeme) De momento concuerdan las declaraciones de
ambas. DINlARCO.-
(Aparte) ¡Ay, pobre de mí! A pesar de que esperaba poder guardarlas
en secreto, ahora mismo van a descubrirme. CALlCLES.-
(A su esclava) Habla, tú. ¿Quién te mandó darle a esta bribona el
niño? ESCLAVA.-
Mi ama
joven PSICONEME.-
(A la peluquera) ¿Y tú? ¿Por qué lo cogiste? PELUQUERA.-
Mi ama
vieja me pidió que le llevara un niño y mantuviera todo en secreto. CALICLES.-
(A la
peluquera). ¿Qué hiciste con el niño? PELUQUERA.-
Se lo
llevé a mi ama CALICLES.-
¡Diablos!
¿A qué ama? ESCLAVA.-
Es que
tiene dos amas. CALICLES.-
Guárdate
de hablar si no te pregunto. (A la peluquera) Le pregunto a la
peluquera. PELUQUERA.-
La ama
vieja, ¿entiendes?, se lo dio a la ama joven PSICONEME.-¿A
qué ama joven? ESCLAVA.-
a la del ama CALICLES.-.
¿Qué hizo ella con el niño que le dieron? PELUQUERA.-
Lo hizo
pasar por hijo de otra CALICLES.-¿De
quien? PELUQUERA.-
suyo PSICONEME.-
¿Pero no has dicho que es de otra? ESCLAVA.-
Pero es que la otra es el ama CALICLES.-
¿Qué
ama? PELUQUERA.-
La que
tuvo el hijo PSICONEME-
¡ay
Calicles!, No me entero de nada, con este entuerto nunca sabremos nada
de nuestro nieto. CALICLES.-
¡Basta de palabrería! ¿dónde está el niño? Os aseguro por Pólux
que como no habléis soy capaz de torturaros hasta que no sirváis ni
como comida para los cerdos ESCLAVA.-
No te pongas así, el niño está en casa de Fronesia. PSICONEME.-
¡Benditos
sean los dioses! ¡Cuánto más fácil puede
resultarle a una mujer que a otra dar a luz al mismo niño!
(Mirando hacia casa de Fronesia) CALICLES.-
Esta bribona, aprovechando los dolores de otra, sin sufrimiento
alguno, ha dado a luz un niño. ¡Y vaya suerte que tuvo el niño!¡ Así
tiene dos madres y dos abuelas! Estoy intrigrado por saber cuantos
padres ha tenido. Fijaos, por favor, en la astucia femenina PELUQUERA.-
(A la
esclava) Me parece, por Pólux, que esa astucia pertenece más a los hombres
que a las mujeres. Fue un hombre, no una mujer quien la dejó embarazada PSICONEME.-
Eso también
lo se yo, pero tú que tenías que vigilarla, que mal cumpliste tu
cometido ¿verdad? ESCLAVA.-
Hasta
ahora me he callado Pero ya no callaré, ya que está presente y no da
la cara CALICLES.-
(A su
esclava.) Vamos, dime de una vez quién
mancilló la honra de mi hija, que todavía era virgen. DINIARCO.-
(Aparte.) Estoy más muerto que vivo e ignoro que puedo hacer. No sé ni
cómo escapar ni cómo dirigirme al viejo. El temor me tiene paralizado. CALICLES.-
(A la
esclava.) ¿Vas a decir su nombre, si o no? ESCLAVA.-
Ha sido
DINIARCO, el joven al que le habías prometido anteriormente la mano de
tu hija. CALICLES.-
¿Y dónde
está ese hombre que acabas de nombrar? DINIARCO.-
Aquí estoy, Calicles. (Arrojándose a los pies de Calicles.) Por tus
rodillas te suplico, juzgad mi locura con cordura y perdonadme la falta
que cometí: no era dueño de mí; fue por culpa del vino. PSICONEME-
No me
vale esa excusa. Echas la culpa a un mudo, que no puede hablar. Pues si
el vino pudiese hablar, se defendería. No es el vino el que suele
dominar a los hombres, sino los hombres al vino, al menos los hombres de
bien. Pero los canallas, se emborrachen o se abstengan de probar el
vino,de todas formas son canallas por naturaleza. DINlARCO.-
Sé muy bien que he de resignarme a oír muchas cosas que no quisiera,
por culpa de mi delito. Confieso que soy culpable y, por tanto, tienes
derecho a castigarme. PELUQUERA.-
Calicles,
por favor, estás cometiendo una gran injusticia. El reo puede
defenderse libre de ataduras, y, en cambio, mantienes encadenados a los
testigos. CALICLES.-
(A
Psiconeme.) Suéltalas PSICONEME.-
(Suelat a la esclava y la peluquera.) Vamos, íos a casa (a su esclava),
tú a la tuya y (a la peluquera) tú a la tuya. Y dile a tu ama que le
entregue el niño al que vaya a buscarlo. (A DINIARCO.)
ESCLAVA.-
Qué difícil es ser servir a dos amas PELUQUERA.-
Pues anda que peinarlas…. (salen
de escena la peluquera y la esclava) CALICLES.-
Vamos, camina ante el juez DINlARCO.-
¿Para qué quieres que vaya ante el juez? Para mí tú eres el pretor.
Pero te suplico, Calicles, que me des a tu hija por esposa. CALICLES.-
Me da la
impresión, por Pólux, de que tú mismo te la has adjudicado de
antemano. Ahora lo mejor que puedes hacer es ir a reclamar a tu hijo.
Después, lo más pronto posible, llévate de mi casa a tu esposa. Nos
vamos. Ahora mismo voy a enviarle un mensaje a mi consuegro, para
decirle unas cuantas cosas. DINIARCO.-
Y yo voy a exigirle la devolución del niño a Fronesia, no sea que más
tarde lo niegue todo.
Fronesia, Diniarco, PánfilaFRONESIA.-
(Saliendo de casa, sin ver a DINIARCO.) Una sosaina y una bobaina es la
cortesana que no sabe velar por sus intereses cuando está borracha.
Aunque sus restantes órganos estén empapados de vino, su cabeza, al
menos, debe permanecer despejada. Porque ¡cómo me duele que mi
peluquera haya sido maltratada tan cruelmente! Además, acaba de decirme
que se ha descubierto que mi niño es hijo de DINIARCO. Así que, nada más
oír esto, aunque estaba borracha, me levanté de la mesa y salí a la
calle corriendo DINIARCO.-
(Aparte.) Ahí veo a la que está en posesión de toda mi fortuna y mi
hijo. Fronesia,
venía a verte. FRONESIA.-
¿Cómo estás, amor mío? DINIARCO.-
Nada de "amor mío", déjate de tonterías. No vengo a hablar
de esas cosas. FRONESIA.-
Sé perfectamente, por Cástor, qué quieres, qué deseas y qué vienes
a buscar. Quieres verme, deseas dejarme y vienes a buscar al niño, Ya sé
que tienes prometida y un hijo de tu prometida, que tienes que casarte
inmediatamente con ella, que tu corazón está prisionero en otra parte
y, en consecuencia, no te vas a volver a acordar de mí. Pero fíjate en
los diminutos ratoncitos qué animales más listos son: jamás confían
su vida a una sola madriguera,. DINIARCO.-
Cuando tenga tiempo, ya hablaré contigo más detenidamente de esas
cosas. Ahora devuélveme el niño. FRONESIA.-
¿no me lo puedes dejar todavía un poco más? DINIARCO.-
De ninguna manera. FRONESIA.-
¡Por favor! DINIARCO.-
¿Para qué lo necesitas? ¿no ves cómo mi vida se derrumba y sólo es
capaz de salvarla el llanto de un niño? -
escena muda - FRONESIA.-
Mira, si te vas a poner así. ¡Toma! (le da al niño), DINIARCO.-
Y ahora adiós, Fronesia. FRONESIA.-
Di mejor, “hasta la próxima” (Entran
Pánfila y Astafia) PANFILA-
¡Fronesia, fronesia! FRONESIA.
Dime ¿Qué pasa? PANFILA.--Viene
el padre del niño FRONESIA.-
¿pero si se acaba de ir? PANFILA.-No
el otro, el falso padre FRONESIA.-
¿Y ahora qué le digo? Va a descubrir el engaño. PANFILA.-Viene
directamente FRONESIA.- Ve a buscar a Astafia por si la necesito. (sale Pánfila) Me confiaré a Venus. Por Júpiter, que voy a acabar con él y con mis bien urdidos engaños. |
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