Fronesia

FRONESlA (entra en escena)

(A sus esclavas.) Dad de mamar a ese niño. (para sí.) ¡Pobres  madres, qué cantidad de penas y tormentos han de soportar! (Al público, en tono confidencial.) ¡Vaya maquinación, por Pólux, que hemos tramado! Cuando lo pienso para mis adentros, me doy cuenta de que se nos tiene por mucho menos malas de que lo .somos por naturaleza. Y esto lo digo ante lodo basándome en mi propia experiencia ¡qué gran impostura he osado tramar! Por amor al dinero, por  codicia he cometido una terrible infamia: he hecho pasar por  míos los dolores ajenos. Pero cuando uno se embarca en una maquinación de este tipo, no le queda más remedio que armarse de astucia y prudencia para llevarla a cabo.. Y no creo que el soldado tarde mucho en presentarse aquí

(Fronesia prepara todo para la llegada del soldado)

Estratófanes, Fronesia, Astafia

ESTRATÓFANES.- (Entra acompañado por un esclavo y dos esclavas.) No esperéis, espectadores, que os relate mis hazañas. Yo no suelo realizar mis proezas con la lengua, sino con la espada. Bien sé yo que muchos soldados no han contado más que patrañas. No me gustan las personas que reciben más elogios de quienes hablan por lo que oyen que por lo que ven. Vale más un solo testigo ocular que diez testigos de oído. No me gustan aquellos que repiten sólo lo que han oído; No me gustan las per­sonas a quienes los señoritingos de ciudad alaban, pero nie­gan cualquier elogio a sus soldados ni aquellos cuya lengua es, en tiempos de paz, más afilada que el filo de su espada. Pues bien, tras nueve meses de ausencia, yo, Estratófanes regreso a Atenas a visitar y ver cómo se encuentra mi amada, a la que como consecuencia de mi amor dejé embarazada.

ASTAFIA.--Salud, por Cástor, Estratófanes. Me alegro...

ESTRATÓFANES.- Lo sé. Pero dime, por favor, ¿ya ha dado a luz Fronesia?

ASTAFIA.--Ha dado a luz a un niño precioso.

ESTRATÓFANES.- (Con emoción.)¿Y se parece a mí?

ASTAFIA.--¡Vaya pregunta! Pero si nada más nacer, ya pidió una espada y un escudo.

ESTRATÓFANES.- Es mi hijo. Ya no me cabe la menor duda.¿Y ya es mayor? ¿Ya se ha enrolado en el ejército? ¿Ya ha vuelto cargado de botín?

ASTAFIA.--Pero si sólo hace cuatro días que ha nacido.

ESTRATÓFANES.- En tantos días, por Hércules, ya tenía tiempo de haber realizado alguna hazaña. ¿Qué prisa tenia en salir del vientre materno, antes de estar en condiciones de ir a la guerra?

ASTAFIA.--Sígueme para saludar y felicitar a su madre

FRONESIA- Hola Estratófanes

ESTRATÓFANES.- Marte, a su llegada del extranjero, saluda a su esposa Nerien Te doy mi enhorabuena por haber dado felizmente a luz, por haber visto aumentada tu familia y porque para ti y para mí has alumbrado un gran honor.

FRONESIA.- Salud a ti, que casi me has hecho perder la luz de la vida, y que, para satisfacer tu placer, introdujiste en mi cuerpo la semilla de terribles dolores, de una enfermedad que todavía ahora, pobre de mí, me tiene maltrecha.

ESTRATÓFANES.- Ten ánimo.

FRONESIA.- Acércate para besarme. ¡Ay! No puedo levantar la cabeza, de tanto que me duele y de tan mal que me encuentro, Y no creo ser capaz de sostenerme sola de pie.

ESTRATÓFANES.- Ni aunque me ordenaras para darte un beso adentrarme hasta el medio del mar, lo dudaría un instante, bomboncito mío. Y aunque ya has podido comprobar por propia experiencia, Fronesia mía, lo mucho que te amo, ahora volverás a comprobarlo. Mira las esclavas que te he traído de Siria.

-baile-

ESTRATOFANES.- Has de saber que fueron reinas en su patria. Pero yo arrasé su país con mi espada. Te las regalo.

FRONESIA.- ¿Te parece a ti que tengo pocas esclavas que alimentar, que me traes otras dos más, para que devoren toda mi comida?

ESTRATÓFANES.- (Aparte.) ¡Vaya por Dios! No le ha gustado este regalo.. (A Fronesia.) Amor mío, mira qué capita te he traído de Frigia. Toma. Es para ti.

FRONESIA.- ¡Esta insignificancia me das en compensación por los inmensos dolores que he padecido!

ESTRATÓFANES.- (Aparte.) ¡Ay de mí, estoy perdido! Mi hijo me va salir por un ojo de la cara. (A Fronesia.) De Arabia te he traído incienso y del Ponto amono tómalos, cariño mío.

FRONESIA.- (A ASTAFIA.-) Coge esto. Y llévate de mi vista a estas sirias.

ESTRATÓFANES.- (A Fronesia.) ¿Me quieres un poquito?

FRONESIA.- Nada, por Cástor. No te lo mereces.

ESTRATÓFANES.- (Aparte.) ¿Es que esta mujer nunca se da por satisfecha? No me ha dicho ni una sola palabra amable. Y eso que no valen menos de veinte minas los regalos que le he hecho. Se ve que está terriblemente enfadada conmigo. Lo noto y me doy cuenta. Pero me voy. (A Fronesia.) Escucha, amor mío: ¿No te parecerá mal que asista a una cena a la que me han invitado? Enseguida vendré a acostarme. ¿Por qué no hablas? (Viendo a los amantes trayendo regalos) Pero, ¿qué será eso? ¿Quién son  esos hombres, con tamaño cortejo?

Estratófanes, Fronesia, Ciamo Amantes y Meretrices

FILOLAQUES.- Vamos, vamos, rápido

FANISCO -¿No os parece que los enamorados no pueden por menos de ser unos perdidos y que desvalijan su propia casa de la manera más estúpida?

GRIPO -y para que nadie me pregunte cómo lo sé, sabed que tenemos un amigo enamorado que no hace más que estupideces, para quien sus bienes son como basura, y que, por tanto, los ordena arrojarlos a la calle

MILFIÓN -. Y ya que él mismo está decidido a labrarse su ruina, nosotros estamos  dispuestos a echarle una mano.

FILOLAQUES -No seré yo quien le impida precipitarse por el camino de su perdición a toda la velocidad posi­ble.

FANISCO -Y así de la mina destinada a las provisiones hemos sisado una pequeña cantidad.

GRIPO -En realidad, no hemos hecho más que desviar el agua de un río para uso particular.

(amantes ríen) (entran las cortesanas)

MILFION-. A una cortesana yo la comparo con la mar. Todo lo que se le regala, lo traga, y jamás se desborda rebosante de  regalos.

MILFIDIPA. –Pero la mar, conserva lo que recibe, aunque nadie sepa donde lo guarda .

FANISCO-En cambio, por mucho que le des a una cortesana, no lo vuelve a ver jamás ni el que lo da ni la que lo recibe

SOSIA.- Y sin embargo disfrutan los dos, el que lo da y la que lo recibe

GRIPO- Pero poco a poco con halagos y zalamerías nos llevan a la miseria

CIRENE.- Un amante jamás da demasiado  y una cortesana jamás recibe lo suficiente.

FILOLAQUES.- Y una vez despojados de nuestros bienes, ¿qué nos queda?

GIMNASIA.- Volver a tener la bolsa llena para regresar a nuestros brazos.

(ríen)

(entra CIAMO que estaba oculto)

CÍAMO.- Me alegro de veros en vena de buen humor, amigos

GRIPO. Salud Cíamo, acércate y comparte con nosotros tu sabiduría.

FANISCO.- Y también este buen vino.

CIAMO.- Sería buena cosa, Gripo, si la sabiduría fuera de tal índole que corriera desde lo más lleno hasta lo más vacío de nosotros, con sólo tocarnos unos a otros, como el agua de las copas que corre a través de un hilo de lana desde la más llena hasta la más vacía.

MILFION.- Sí, bueno.....eh. Siéntate y tengamos una reunión en armonía

CIAMO.- ¡Ah,la armonía!, en efecto es una consonancia, y la consonancia es un cierto acuerdo pero es imposible que haya acuerdo a partir de cosas que difieren, mientras sigan difiriendo y a su vez lo que difiere y no es concorde es imposible que armonice.

GIMNASIA.- Este hombre cada día está peor

SOSIA.- Dicen que duerme en un barril y que siempre va descalzo

MILFIDIPA.- Amigo Ciamo, hablábamos de algo más terrenal, de las ventajas y desventajas del amor.

CIAMO.- El amor es paz y es guerra, digno de ser contemplado por los sabios, y admirado por los dioses, preciosa adquisición de quienes lo poseen, el más bello y mejor guía, valeroso, intrépido  e impetuoso y a la vez pobre, duro, descalzo y sin hogar

CIRENE.- De acuerdo, dices bien, pero si es luz y sombra, rico y pobre, ¿qué utilidad tiene el amor para los hombres?

CIAMO.- El amor es tan universal que todo lo bello lo abarca. Y todo lo bello desea. Y ahora deja que sea yo quien os pregunte.  Si esto es así, y el que ama desea cosas bellas ¿qué desea?

FANISCO.- Que lleguen a ser suyas

CIAMO.- ¿Y qué tendrá aquel que haga suyas las cosas bellas?

GRIPO.-Eso lo sé yo. ¡será afortunado!

CIAMO.- Bravo Gripo, En efecto, por la posesión de las cosas buenas, los hombres son afortunados.

FANISCO.- Entonces el amor trae buena fortuna.

CIAMO.- Por lo que he escuchado, hace un momento decíais lo contrario. ¿no era Fronesia, la cortesana que con sus halagos ha reducido a vuestro amigo DINIARCO a la miseria, lo ha despojado de sus bienes, de su reputación, de su honra, y de sus amigos?.

GRIPO.- Bueno, el amor es poderoso.

CIAMO.- A mi me parece que los hombres no se dan cuenta en absoluto del poder del amor, ya que, si se hubieran dado cuenta, le habrían construido los más grandes santuarios y altares y le harían los sacrificios más grandes, no como ahora, que no sucede nada de esto acerca de él, cuando debía suceder por encima de todo.

FRONESIA.- Has hablado con palabras sabias Cíamo y por ello serás recompensado. Entra en casa y dile a ASTAFIA que te agasaje con los más sabrosos manjares y el mejor vino. Y vosotros amigos ¿cómo os va?

FILOLAQUES.- Muy bien, mejor que la persona a la que vengo a ver, a la que traemos algo para que recupere su salud.

FANISCO.- DINIARCO, nos ordenó traerte los regalos que ves,y (tendiéndole una bolsa con dinero), estas cinco minas de plata.

FRONESIA.- Los acepto y recibo encantada.  ( a las cortesanas) Llevadlos a casa. Pero Decidme, por favor, ¿dónde está DINIARCO?

MILFION.- En casa.

FRONESIA.- Pues decidle que en agradecimiento por todos estos regalos que me envió, lo amo más que a nadie en el mundo, como se merece, y que lo tengo en la más alta estima. Rogadle, además, que venga a verme.

GRIPO.- Al instante. (Viendo a Estratófanes) ¿Quién será ese individuo tan afligido?

MILFION-, ¿tan melancólico y mirada tan triste?

FANISCO- Sea quien sea, no cabe duda, por Hércules, de que una gran pena le carcome el alma.

FILOLAQUES.- Me mira sollozando. ¡Y qué suspiro acaba de exhalar de lo más profundo de su pecho! Mira cómo hace rechinar sus dientes y se golpea la pierna. ¿Acaso será adivino para azotarse a sí mismo?

ESTRATÓFANES.- (Acercándose a Fronesia) Ahora mismo voy yo a dar rienda suelta a mi cólera y mi furia. Contesta, ¿de dónde eres? ¿De quién eres? ¿Por qué te has atrevido a insultarme?

FILOLAQUES.- Me dio la gana.

ESTRATÓFANES.- Esa respuesta no la admito.

FILOLAQUES .- Entonces toma ésta: me importas un comino.

ESTRATÓFANES.- (A Fronesia) ¿Y tú? ¿Cómo te has atrevido a decir que amas a otro hombre?

FRONESIA.- Me dio la gana.

ESTRATÓFANES.- ¿Ah, sí? Eso lo vamos a ver. ¿Por un regalucho tan miserable, unas verduras, unas viandas y una botellas de sangría, vas a amar tú a ese cabrón, ese maricón de pelo ensortijado, esa rata de acantarilIa, ese tocatamboriles, ese mequetrefe?

FILOLAQUES .- ¿Cómo? ¿Te atreves tú a insultar nuestro amigo, canalla, príncipe de los viciosos y los perjuros?

ESTRATÓFANES.- (Blandiendo su espada) Añade una sola palabra y por Hércules, que te hago picadillo.

FILOLAQUES.- Atrévete a tocarme y verás cómo te trasformo en cordero y te abro en canal de arriba abajo. Si tú eres un héroe famoso en la guerra, yo lo soy en la cocina.

ESTRATÓFANES.- ¡Que me muera ahora mismo si no te doy tu merecido

FILOLAQUES.- (En actitud provocativa, esgrimiendo su cuchillo.) Acércate aquí, ven aquí.

ESTRATÓFANES.- ¿Osas, bellaco, amenazarme? Ahora mismo, ahora mismo, ahora mismo vaya hacerte trizas. (saca la espada)

FILOLAQUES-  Esto es una trampa. La tuya es más larga que la mía. ¿a qué esperamos para largarnos de aquí, mientras podamos hacerlo con la barriga intacta?(Sale con sus acompañantes.)

Estratófanes, Fronesia

FRONESIA.- Me voy a casa, bruto. Me duele la cabeza por culpa del viento

ESTRATÓFANES.- ¿Y qué va a ser de mí, a quien le duelen las dos esclavas que te regalé? (Viendo entrar a Fronesia en su casa.) ¡Se ha marchado! (Con ironía.) ¡Tómate ésa! ¡Habrase visto, oh cielos, manera más descarada de ponerme de patitas en la calle! Me está tomando el pelo a conciencia. Desde que dio a luz al niño, ¡cómo se le han subido los humos a la cabeza! Ahora es como si me dijera: "Yo no te mando ni te prohíbo entrar en mi casa." Pero no me da la gana, no entro. Pero basta ya de palabras. (Sale.)

FIN DEL SEGUNDO ACTO

Para Salir, cerrar esta ventana