Acto Segundo |
Escena Primera |
FronesiaFRONESlA
(entra
en escena) (A
sus esclavas.) Dad
de mamar a ese niño. (para sí.) ¡Pobres
madres, qué cantidad de penas y tormentos han de soportar! (Al
público, en tono confidencial.) ¡Vaya maquinación, por Pólux,
que hemos tramado! Cuando lo pienso para mis adentros, me doy cuenta de
que se nos tiene por mucho menos malas de que lo .somos por naturaleza.
Y esto lo digo ante lodo basándome en mi propia experiencia ¡qué gran
impostura he osado tramar! Por amor al dinero, por
codicia he cometido una terrible infamia: he hecho pasar por
míos los dolores ajenos. Pero cuando uno se embarca en una
maquinación de este tipo, no le queda más remedio que armarse de
astucia y prudencia para llevarla a cabo.. Y no creo que el soldado
tarde mucho en presentarse aquí (Fronesia
prepara todo para la llegada del soldado)
Estratófanes, Fronesia, AstafiaESTRATÓFANES.-
(Entra acompañado por un esclavo y dos esclavas.) No esperéis,
espectadores, que os relate mis hazañas. Yo no suelo realizar mis
proezas con la lengua, sino con la espada. Bien sé yo que muchos
soldados no han contado más que patrañas. No me gustan las personas
que reciben más elogios de quienes hablan por lo que oyen que por lo
que ven. Vale más un solo testigo ocular que diez testigos de oído. No
me gustan aquellos que repiten sólo lo que han oído; No me gustan las
personas a quienes los señoritingos de ciudad alaban, pero niegan
cualquier elogio a sus soldados ni aquellos cuya lengua es, en tiempos
de paz, más afilada que el filo de su espada. Pues bien, tras nueve
meses de ausencia, yo, Estratófanes regreso a Atenas a visitar y ver cómo
se encuentra mi amada, a la que como consecuencia de mi amor dejé
embarazada. ASTAFIA.--Salud,
por Cástor, Estratófanes. Me alegro... ESTRATÓFANES.-
Lo sé. Pero dime, por favor, ¿ya ha dado a luz Fronesia? ASTAFIA.--Ha
dado a luz a un niño precioso. ESTRATÓFANES.-
(Con emoción.)¿Y se parece a mí? ASTAFIA.--¡Vaya
pregunta! Pero si nada más nacer, ya pidió una espada y un escudo. ESTRATÓFANES.-
Es mi hijo. Ya no me cabe la menor duda.¿Y ya es mayor? ¿Ya se ha
enrolado en el ejército? ¿Ya ha vuelto cargado de botín? ASTAFIA.--Pero
si sólo hace cuatro días que ha nacido. ESTRATÓFANES.-
En tantos días, por Hércules, ya tenía tiempo de haber realizado
alguna hazaña. ¿Qué prisa tenia en salir del vientre materno, antes
de estar en condiciones de ir a la guerra? ASTAFIA.--Sígueme
para saludar y felicitar a su madre FRONESIA-
Hola Estratófanes ESTRATÓFANES.-
Marte, a su llegada del extranjero, saluda a su esposa Nerien Te doy mi
enhorabuena por haber dado felizmente a luz, por haber visto aumentada
tu familia y porque para ti y para mí has alumbrado un gran honor. FRONESIA.-
Salud a ti, que casi me has hecho perder la luz de la vida, y que, para
satisfacer tu placer, introdujiste en mi cuerpo la semilla de terribles
dolores, de una enfermedad que todavía ahora, pobre de mí, me tiene
maltrecha. ESTRATÓFANES.-
Ten ánimo. FRONESIA.-
Acércate para besarme. ¡Ay! No puedo levantar la cabeza, de tanto que
me duele y de tan mal que me encuentro, Y no creo ser capaz de
sostenerme sola de pie. ESTRATÓFANES.-
Ni aunque me ordenaras para darte un beso adentrarme hasta el medio del
mar, lo dudaría un instante, bomboncito mío. Y aunque ya has podido
comprobar por propia experiencia, Fronesia mía, lo mucho que te amo,
ahora volverás a comprobarlo. Mira las esclavas que te he traído de
Siria. -baile- ESTRATOFANES.-
Has de saber que fueron reinas en su patria. Pero yo arrasé su país
con mi espada. Te las regalo. FRONESIA.-
¿Te parece a ti que tengo pocas esclavas que alimentar, que me traes
otras dos más, para que devoren toda mi comida? ESTRATÓFANES.-
(Aparte.) ¡Vaya por Dios! No le ha gustado este regalo.. (A Fronesia.)
Amor mío, mira qué capita te he traído de Frigia. Toma. Es para ti. FRONESIA.-
¡Esta insignificancia me das en compensación por los inmensos dolores
que he padecido! ESTRATÓFANES.-
(Aparte.) ¡Ay de mí, estoy perdido! Mi hijo me va salir por un ojo de
la cara. (A Fronesia.) De Arabia te he traído incienso y del Ponto
amono tómalos, cariño mío. FRONESIA.-
(A ASTAFIA.-) Coge esto. Y llévate
de mi vista a estas sirias. ESTRATÓFANES.-
(A Fronesia.) ¿Me quieres un poquito? FRONESIA.-
Nada, por Cástor. No te lo mereces. ESTRATÓFANES.-
(Aparte.) ¿Es que esta mujer nunca se da por satisfecha? No me ha dicho
ni una sola palabra amable. Y eso que no valen menos de veinte minas los
regalos que le he hecho. Se ve que está terriblemente enfadada conmigo.
Lo noto y me doy cuenta. Pero me voy. (A Fronesia.) Escucha, amor mío:
¿No te parecerá mal que asista a una cena a la que me han invitado?
Enseguida vendré a acostarme. ¿Por qué no hablas? (Viendo a los
amantes trayendo regalos) Pero, ¿qué será eso? ¿Quién son
esos hombres, con tamaño cortejo?
Estratófanes, Fronesia, Ciamo Amantes y MeretricesFILOLAQUES.-
Vamos,
vamos, rápido FANISCO
-¿No os
parece que los enamorados no pueden por menos de ser unos perdidos y que
desvalijan su propia casa de la manera más estúpida? GRIPO
-y para
que nadie me pregunte cómo lo sé, sabed que tenemos un amigo enamorado
que no hace más que estupideces, para quien sus bienes son como basura,
y que, por tanto, los ordena arrojarlos a la calle MILFIÓN
-. Y ya
que él mismo está decidido a labrarse su ruina, nosotros estamos
dispuestos a echarle una mano. FILOLAQUES
-No seré
yo quien le impida precipitarse por el camino de su perdición a toda la
velocidad posible. FANISCO
-Y así
de la mina destinada a las provisiones hemos sisado una pequeña
cantidad. GRIPO
-En
realidad, no hemos hecho más que desviar el agua de un río para uso
particular. (amantes
ríen) (entran las cortesanas) MILFION-.
A una cortesana yo la comparo con la mar. Todo lo que se le regala, lo
traga, y jamás se desborda rebosante de
regalos. MILFIDIPA.
–Pero la mar, conserva lo que recibe, aunque nadie sepa donde lo
guarda . FANISCO-En
cambio, por mucho que le des a una cortesana, no lo vuelve a ver jamás
ni el que lo da ni la que lo recibe SOSIA.-
Y sin embargo disfrutan los dos, el que lo da y la que lo recibe GRIPO-
Pero poco a poco con halagos y zalamerías nos llevan a la miseria CIRENE.-
Un amante jamás da demasiado y una cortesana jamás recibe lo suficiente. FILOLAQUES.-
Y una vez despojados de nuestros bienes, ¿qué nos queda? GIMNASIA.-
Volver a tener la bolsa llena para regresar a nuestros brazos. (ríen) (entra
CIAMO que estaba oculto) CÍAMO.-
Me alegro de veros en vena de buen humor, amigos GRIPO.
Salud Cíamo,
acércate y comparte con nosotros tu sabiduría. FANISCO.-
Y también este buen vino. CIAMO.-
Sería buena cosa, Gripo, si la sabiduría fuera de tal índole que
corriera desde lo más lleno hasta lo más vacío de nosotros, con sólo
tocarnos unos a otros, como el agua de las copas que corre a través de
un hilo de lana desde la más llena hasta la más vacía. MILFION.-
Sí, bueno.....eh. Siéntate y tengamos una reunión en armonía CIAMO.-
¡Ah,la armonía!, en efecto es una consonancia, y la consonancia es un
cierto acuerdo pero es imposible que haya acuerdo a partir de cosas que
difieren, mientras sigan difiriendo y a su vez lo que difiere y no es
concorde es imposible que armonice. GIMNASIA.-
Este hombre cada día está peor SOSIA.-
Dicen que duerme en un barril y que siempre va descalzo MILFIDIPA.-
Amigo Ciamo, hablábamos de algo más terrenal, de las ventajas y
desventajas del amor. CIAMO.-
El amor es paz y es guerra, digno de ser contemplado por los sabios, y
admirado por los dioses, preciosa adquisición de quienes lo poseen, el
más bello y mejor guía, valeroso, intrépido
e impetuoso y a la vez pobre, duro, descalzo y sin hogar CIRENE.-
De acuerdo, dices bien, pero si es luz y sombra, rico y pobre, ¿qué
utilidad tiene el amor para los hombres? CIAMO.-
El amor es tan universal que todo lo bello lo abarca. Y todo lo bello
desea. Y ahora deja que sea yo quien os pregunte.
Si esto es así, y el que ama desea cosas bellas ¿qué desea? FANISCO.-
Que lleguen a ser suyas CIAMO.-
¿Y qué tendrá aquel que haga suyas las cosas bellas? GRIPO.-Eso
lo sé yo. ¡será afortunado! CIAMO.-
Bravo Gripo, En efecto, por la posesión de las cosas buenas, los
hombres son afortunados. FANISCO.-
Entonces el amor trae buena fortuna. CIAMO.-
Por lo que he escuchado, hace un momento decíais lo contrario.
¿no era Fronesia, la cortesana que con sus halagos ha reducido a
vuestro amigo DINIARCO a la miseria, lo ha despojado de sus bienes, de
su reputación, de su honra, y de sus amigos?. GRIPO.-
Bueno, el amor es poderoso. CIAMO.-
A mi me parece que los hombres no se dan cuenta en absoluto del poder
del amor, ya que, si se hubieran dado cuenta, le habrían construido los
más grandes santuarios y altares y le harían los sacrificios más
grandes, no como ahora, que no sucede nada de esto acerca de él, cuando
debía suceder por encima de todo. FRONESIA.-
Has hablado con palabras sabias Cíamo y por ello serás recompensado.
Entra en casa y dile a ASTAFIA que te agasaje con los más sabrosos
manjares y el mejor vino. Y vosotros amigos ¿cómo os va? FILOLAQUES.-
Muy
bien, mejor que la persona a la que vengo a ver, a la que traemos algo
para que recupere su salud. FANISCO.-
DINIARCO, nos ordenó traerte los regalos que ves,y (tendiéndole una
bolsa con dinero), estas cinco minas de plata. FRONESIA.-
Los acepto y recibo encantada. (
a las cortesanas) Llevadlos a casa. Pero Decidme, por favor, ¿dónde
está DINIARCO? MILFION.-
En casa. FRONESIA.-
Pues decidle que en agradecimiento por todos estos regalos que me envió,
lo amo más que a nadie en el mundo, como se merece, y que lo tengo en
la más alta estima. Rogadle, además, que venga a verme. GRIPO.-
Al
instante. (Viendo a Estratófanes) ¿Quién será ese individuo tan
afligido? MILFION-,
¿tan melancólico y mirada tan triste? FANISCO-
Sea quien sea, no cabe duda, por Hércules, de que una gran pena le
carcome el alma. FILOLAQUES.-
Me mira
sollozando. ¡Y qué suspiro acaba de exhalar de lo más profundo de su
pecho! Mira cómo hace rechinar sus dientes y se golpea la pierna. ¿Acaso
será adivino para azotarse a sí mismo? ESTRATÓFANES.-
(Acercándose a Fronesia) Ahora mismo voy yo a dar rienda suelta a mi cólera
y mi furia. Contesta, ¿de dónde eres? ¿De quién eres? ¿Por qué te
has atrevido a insultarme? FILOLAQUES.-
Me dio la
gana. ESTRATÓFANES.-
Esa respuesta no la admito. FILOLAQUES
.- Entonces
toma ésta: me importas un comino. ESTRATÓFANES.-
(A Fronesia) ¿Y tú? ¿Cómo te has atrevido a decir que amas a otro
hombre? FRONESIA.-
Me dio la gana. ESTRATÓFANES.-
¿Ah, sí? Eso lo vamos a ver. ¿Por un regalucho tan miserable, unas
verduras, unas viandas y una botellas de sangría, vas a amar tú a ese
cabrón, ese maricón de pelo ensortijado, esa rata de acantarilIa, ese
tocatamboriles, ese mequetrefe? FILOLAQUES
.- ¿Cómo?
¿Te atreves tú a insultar nuestro amigo, canalla, príncipe de los
viciosos y los perjuros? ESTRATÓFANES.-
(Blandiendo su espada) Añade una sola palabra y por Hércules, que te
hago picadillo. FILOLAQUES.-
Atrévete
a tocarme y verás cómo te trasformo en cordero y te abro en canal de
arriba abajo. Si tú eres un héroe famoso en la guerra, yo lo soy en la
cocina. ESTRATÓFANES.-
¡Que me muera ahora mismo si no te doy tu merecido FILOLAQUES.-
(En
actitud provocativa, esgrimiendo su cuchillo.) Acércate aquí, ven aquí. ESTRATÓFANES.-
¿Osas, bellaco, amenazarme? Ahora mismo, ahora mismo, ahora mismo vaya
hacerte trizas. (saca la espada) FILOLAQUES-
Esto es una trampa. La tuya es más larga que la mía. ¿a qué
esperamos para largarnos de aquí, mientras podamos hacerlo con la
barriga intacta?(Sale con sus acompañantes.)
Estratófanes, FronesiaFRONESIA.-
Me voy a casa, bruto. Me duele la cabeza por culpa del viento ESTRATÓFANES.-
¿Y qué va a ser de mí, a quien le duelen las dos esclavas que te
regalé? (Viendo entrar a Fronesia en su casa.) ¡Se ha marchado! (Con
ironía.) ¡Tómate ésa! ¡Habrase visto, oh cielos, manera más
descarada de ponerme de patitas en la calle! Me está tomando el pelo a
conciencia. Desde que dio a luz al niño, ¡cómo se le han subido los
humos a la cabeza! Ahora es como si me dijera: "Yo no te mando ni
te prohíbo entrar en mi casa." Pero no me da la gana, no entro.
Pero basta ya de palabras. (Sale.) FIN DEL SEGUNDO ACTO |
Para Salir, cerrar esta ventana |