Acto Primero |
Escena Primera |
Filólaques, Fanisco, Gripo, Milfión, DiniarcoFILOLAQUES-
Ni toda la vida le bastaría a un amante para aprender todos los medios
que tiene de arruinarse. FANISCO-
Ni la propia Venus, que tiene el mando supremo de los asuntos del amor,
será capaz jamás de calcular cuántos métodos hay para burlar a un
amante. GRIPO-
Cuántas
formas de arruinarlo, MILFION-
Cuántas plegarias para plegar su voluntad. GRIPO-
¡Cuántos
halagos, cuántos arrebatos de cólera! MILFION-
¡Santo
Cielo! ... y eso sin contar
los regalos. FILOLAQUES-
En primer lugar está el salario anual. Es el primer sablazo. A cambio
se te conceden tres noches. FANISCO-
Entretanto
te pide o dinero o vino, aceite o trigo, tratando de averiguar si eres
generoso o ahorrativo. GRIPO-¿No
habéis visto cómo el pescador, tras lanzar la red, tira de la cuerda
y, si algún pez se introdujo en ella, procura que no se escape, girando
la red a un lado y a otro, para retenerlo aprisionado, y no ceja en su
empeño hasta que no lo saca a la superficie?. Pues lo mismo le sucede
al enamorado. MILFION-
Si da lo
que le piden y es más generoso que ahorrativo, se le conceden algunas
noches más. GRIPO-
Entretanto él traga el anzuelo. FILOLAQUES-
Si se le
conceden pocas noches, sufre su espíritu. MILFION-
Si logra
aumentar su número, él es feliz GRIPO-
Pero se resiente su economía, FANISCO-
Antes de
que le hayas hecho un sólo regalo, ya tiene cien nuevas peticiones
preparadas para hacerte: FILOLAQUES-
O perdió
una joya FANISCO-
Se le
rompió la capita MILFION-
Un vaso
de plata FANISCO-
Un vaso
de bronce FILOLAQUES-
Unos
armaritos griegos o... MILFION-
En resumen, siempre hay algún motivo para pedir y para que el amante
quede en deuda con su cortesana. FILOLAQUES-
Y
mientras arruinamos nuestro patrimonio FANISCO-
Nuestra
reputación GRIPO-
Y nos
arruinamos a nosotros mismos DINIARCO
-
En cuanto a mí (señalando
la casa de Fronesia), la cortesana que vive en esta casa, Fronesia,
ha expulsado su nombre completamente de mi espíritu, Pues yo
reconozco que he sido su principal, su más íntimo amante, lo que es
con mucho la peor desgracia que le puede ocurrir a la bolsa de un
enamorado. Pero ella, en cuanto encontró a otro más espléndido y
manirroto, un soldado babilonio por el que la muy bribona decía que
sentía una profunda antipatía, me bajó enseguida de mi pedestal.
Ahora dicen que el tal soldado está a¡ punto de llegar del extranjero.
Por este motivo ha tramado el siguiente engaño: ha fingido haber dado a
luz a un niño, con miras, sin duda, a deshacerse de mí, y ha fingido
que el tal soldado es su padre. Es para hacer el amor sólo con el
soldado, para lo que ha inventado esa historia del falso hijo. Cree que
puede engañarme. ¿Acaso, pensó que, si hubiera estado embarazada,
hubiera podido ocultármelo? Y es que yo he llegado anteayer a Atenas,
procedente de Lemnos, adonde fui enviado en misión oficial. Pero he
ahí a Astafia y Pánfila, sus criadas.
Astafia, Pánfila, DiniarcoASTAFIA.--(Saliendo
de casa, a los esclavos que quedan en casa.) ¡Sí!
¡No lo olvido! Ahora mismo voy a buscarlo y si está en casa lo traigo
de vuelta! ¡Pánfila! ¡Pánfila! ¿dónde se habrá metido esta chica? (aparece
Pánfila) ASTAFIA.-
(a Pánfila) Aguza el oído y vigila bien la casa, no sea que algún visitante
se vaya más cargado de lo que ha venido, o que uno que haya entrado con
las manos vacías salga con ellas llenas. PANFILA.-Ya
conoces a los jóvenes. Vienen a casa de las cortesanas en pandillas de
cinco o seis con un propósito bien definido. ASTAFIA.-
En cuanto entran en casa, uno de ellos se encarga de cubrir de besos a
su amiga, mientras los demás actúan. Y encima, comen a nuestras expensas,
embutiéndose como chorizos!. PANFILA.-
Para ellos es una heroicidad y una proeza robar a unas pobres
cortesanas. ASTAFIA-
Pero nosotras, por Cástor, sabemos recompensar generosamente a
nuestros ladrones. Pues ellos mismos ven cómo los despojamos de sus
bienes e incluso ellos mismos vienen voluntariamente a traérnoslos. ASTAFIA
Y PANFILA.--
(Se ríen de sus conclusiones) DINIARCO.-
(Aparte.) Es a mí a quien
fustigan con esas palabras porque yo he traído a su casa mis bienes. ASTAFIA.-
Pero, ¿no
es ése Diniarco? Claro que lo es. PANFILA.-¡Salud! DINIARCO.-
¿Cómo estás? ASTAFIA.--Tan
bien de salud como aquel a quien saludo. Para celebrar tu regreso del
extranjero, serás invitado a cenar. DINIARCO.-
Gracias por la invitación, eres muy amable. ASTAFIA.--(Tratando
de soltar la mano de DINIARCO,
que la tiene fuertemente agarrada.) Por
favor, déjame ir adonde me ordenó mi ama. DINIARCO.-
Ve. Pero ¿Adónde diriges tus pasos? ¿A quién vas a buscar? ASTAFIA.—(disimulando)
A Arquiline, la comadrona DINIARCO.-
Eres una bribona, que hace honor a su maestra. Te he cogido en
flagrante delito de mentira, bribona. ASTAFIA.--Dime,
¿por qué? DINIARCO.-
Porque dijiste que ibas a buscar lo
y no a buscar la.
En un momento se convirtió de hombre en mujer. Eres una maldita bruja.
Pero dime de una vez de quién se trata,¿Un nuevo amante? PANFILA.-
Me parece que eres un hombre muy desocupado. DINIARCO.-
¡Oh, no era así sino con dulzura como solías hablarme antes, cuando
el dinero que ahora está en vuestro cofre, estaba en el mío! ASTAFIA.--Al
hombre se le conoce, mientras está vivo. Una vez que ha muerto,
descanse en paz. A ti, mientras estabas vivo, te conocía. DINIARCO.-
¿Es que me tomáis por muerto? PANFILA.-
¿Acaso podría estar más claro? Tú que antes eras considerado el
principal de los amantes, ahora no tienes para ofrecer a tu amiga más
que lamentos. DINIARCO.-
Pero yo no estoy completamente muerto. Todavía tengo una casa y unas
fincas. ASTAFIA.-
Cariño,
entonces, ¿por qué te quedas a la puerta, como si fueras un extraño o
un desconocido? Entra. PANFILA.-Tú,
desde luego, no eres un extraño. Te juro, por Cástor, que no hay
hombre al que ella ame más con todo su corazón y toda su alma, ASTAFIA.-
si de verdad tienes una casa y unas fincas. PANFILA.-¡no
sabes las ganas que tenía mi ama de verte! DINIARCO.-
¿Por qué?
PANFILA.--Porque
eres el único de todos que ama de verdad. DINIARCO.-
¡Bravo por la casa y las tierras! ¡Qué a punto habéis
acudido en mi socorro!¿Está ahora en casa Fronesia? ASTAFIA.--Para
los demás no sé; para ti, desde luego que está en casa. DINIARCO.-
¿Y dices tú que me ama? PANFILA.-
Sí, única y exclusivamente a ti. DINIARCO.-
He oído decir que había dado a luz. ASTAFIA.--Se
me ponen los pelos de punta, pobre de mí, cada vez que oigo hablar del
parto. ¡Qué poco faltó para que te quedaras sin tu Fronesia! Entra en
casa, por favor; ve a verla. Pero espera un instante, porque se estaba
bañando. DINIARCO.-
Dime una cosa. Si nunca estuvo encinta, ¿cómo pudo dar a luz? Porque,
desde luego, que yo recuerde, jamás
la he visto embarazada. PANFILA.-
Disimulaba, por temor a que tú la indujeras a abortar y matar al niño. DINIARCO.- Entonces, está claro, por Pólux, que el padre del niño es el soldado babilonio, cuya llegada ahora espera impacientemente. Tengo que ver a Fronesia, la esperaré aquí, en vuestra casa. (Entra en casa de Fronesia.)
Astafia, Pánfila, Milfidipa, Gimnasia, Cirene, SosiaPANFILA.-
.¡Uf! ¡Al fin podemos
respirar tranquilas, ahora que se ha marchado este pelmazo! ¡Por fin
solas! Ahora sí que podemos, decir libremente, a nuestro antojo, lo que
queramos y lo que nos apetezca. (Señalando
la puerta de la casa de su ama por la que acaba de entrar Diniarco.) ASTAFIA.-
Al patrimonio de este enamorado nuestra ama le ha entonado el
responso fúnebre en nuestra casa. Hasta sus fincas y su casa las ha
hipotecado para alquilar la huerta del Amor. (Entran
a escena las meretrices) PANFILA.-Lo
que tuvo, lo dio. Ya nada tiene. ASTAFIA.-Lo
que él tenía, lo tenemos nosotras. PANFILA.-Y
ahora tiene él lo que nosotras tenemos!. Así es la vida. Sería
un sacrilegio por nuestra parte compadecemos de los hombres que
administran mal su fortuna. ASTAFIA.-
¡a ver, vosotras!, ¡a ver si tomáis nota de cómo debe ser una buena
cortesana! CIRENE.-
Una
verdadera cortesana ha de tener una dentadura perfecta para sonreír a
todo el que aparezca por su puerta y ha de ser muy amable. SOSIA.-Malas
deben ser sus intenciones, buenas sus palabras. GIMNASIA.-Una
cortesana tiene que parecerse a un zarzal: a cualquiera que roce, ha de
ocasionarle arañazos y heridas. MILFIDIPA.-
Una cortesana nunca ha de investigar las razones de su amante. Pero, si
no paga, ha de licenciarlo como si de un desertor se tratarse. CIRENE-Un
amante, nunca será digno de este nombre, si no es enemigo de su
fortuna. Mientras tenga, que ame; cuando ya no tenga nada, que se busque
otro oficio. SOSIA-Que
se resigne, cuando ya no tenga nada, a ceder el puesto a otros que sí
tengan. Pierde el tiempo si, cuando acaba de dar, no le apetece ya dar
de nuevo. GIMNASIA-En
nuestra casa se ama al que, después de dar, se olvida de lo que ha
dado. MILFIDIPA.-El
verdadero amante es aquel que, dejando a un lado sus asuntos, no piensa
más que en derrochar su fortuna. Sin embargo, los hombres suelen
quejarse de que los tratamos mal y de que somos unas codiciosas. ¿Por
qué lo somos? ¿Por qué los tratamos mal? CIRENE-.
Nuestra obligación es buscar siempre clientes frescos que tengan sus
arcas intactas para hacer regalos. PANFILA.-
Y éste
es el caso del joven campesino (señalando
la casa del Cascarrabias) que vive en esta casa. A él nos ha
mandado Fronesia venir a buscar. ASTAFIA.-
¿Por qué no vais vosotras a buscarlo y le mostráis los
“beneficios” de estar en vuestra compañía?
GIMNASIA.-
Pero
tiene un carácter muy irascible,y en cuanto nos ve a alguna de nosotras
aproximamos a su casa, con los mismos gritos que espanta a una bandada
de gansos para alejados de los muelas de trigo, nos ahuyenta a nosotras
de su casa. MILFIDIPA-¡Qué
aldeano es! ASTAFIA.-¡
Pero, no seáis tontas, llamad y traedlo a casa, Fronesia quiere hablar
con él PANFILA.-
y no os entretengáis CIRENE-.
(Golpeando la puerta de la casa de
Estrábax.) ¿No hay nadie encargado de la custodia de esta puerta?
¿No viene nadie a abrir?
Cascarrabias, Milfidipa, Sosia, Cirene, GimnasiaCASCARRABIAS.-¿Quién
es el que aporrea tan brutalmente mi puerta? CIRENE.-
Soy yo,
mira hacia a mí CASCARRABIAS.-
¿Cómo
que "yo"? CIRENE-
¿es que para ti, yo no soy yo? CASCARRABIAS.-
¿Quién os ha dado permiso para acercaros a mi casa y llamar a mi
puerta? MILFIDIPA.-
¡Salud! CASCARRABIAS.-Al
diablo con la salud. No la quiero. No la acepto. Preferiría estar
enfermo a sano gracias a ella. Pero, ¿se puede saber qué se os ha
perdido en nuestra casa? GIMNASIA.-
Por
favor, córrete... hacia allá. CASCARRABIAS.-Eso
tú, por Pólux, que estás bien acostumbrada a ello. ¡Serás descarada
para venir a burlarte de un aldeano, proponiéndole acciones
deshonestas! SOSIA.-
Ha dicho
"hacia allá". Has comprendido mal. Le has quitado dos
palabras a la frase ¡Qué hombre más cascarrabias! CASCARRABIAS.-¿Sigues,
maldita mujer, insultándome? SOSIA.-
¿Por qué
te insulto? CASCARRABIAS.-Porque
me estás llamando "cascarrabias". Pues bien, si no te largas
ahora mismo de aquí o me dices lo que quieres rápidamente, te juro,
por Hércules, mujer, que como pisotea una cerda a sus
lechones, te pisotearé yo a ti la cabeza. CIRENE.-
¡Qué
hombre más bruto y aldeano! CASCARRABIAS.-¡Vergüenza
sí que os debía dar a vosotras, atajo de monas! ¿O creéis hermosas
porque os han regalado unos brazaletes de bronce? Os apuesto lo que queráis
a que son de madera esas joyas que os cuelgan de las orejas. MILFIDIPA.-
No me
toques. CASCARRABIAS.-¿Tocarte
yo a ti? Te juro por mi azada que preferiría abrazar en el campo a una
vaca de vulva kilométrica y pasar con ella en el establo la noche
entera, que recibir como regalo cien noches en tu compañía. ¿Me
tildas de aldeano? ¡Pues sí que has dado con uno que se avergüenza
ello! Pero, ¿se puede saber qué se os ha perdido en nuestra casa?
Supongo que venís a buscar al hijo de mi amo. CIRENE.-
¿Por qué
gritas? ¿Estás loco? CASCARRABIAS.-
Si no os dais prisa en largaros de aquí a paso ligero, os juro por Hércules,
que esas pelucas postizas que lleváis puestas, con sus bucles tan bien
peinados, rizados y perfumados os la arranco de raíz de la cabeza. ¡Bribonas! GIMNASIA.-¿Y
qué daño te han hecho a ti estas bribonas? CASCARRABIAS.-
Yo sé más de lo que tú te crees. MILFIDIPA-
Di, ¿qué es lo que sabes? CASCARRABIAS.-Pues
que Estrabax, el hijo de mi amo, se
pierde en vuestra casa y que con vuestras seducciones lo conducís a la
ruina y a la deshonra. GIMNASIA.-
Si
creyera que estás bien de la cabeza, te diría: "Me estás
injuriando." Ningún hombre se pierde en nuestra casa. Lo que
pierden es su fortuna. CASCARRABIAS.-
¿Ah, si?
Pues ¡que nadie le de crédito a una sola palabra mía si no le cuento
a mi viejo amo vuestras fechorías! SOSIA.-
¿Y es tan irascible como tú? CASCARRABIAS.-
No fue haciendo regalos a “cortesanuchas” como mi amo labró su
fortuna, sino a fuerza de ahorros y sacrificios. Y ahora vosotras os
la estáis comiendo, bebiendo, derrochando en perfumes cada vez que
Estrabax, va a vuestra casa. ¿Y voy a mantener todo esto en secreto?.
Ahora mismo me voy al foro a contárselo a su padre. No estoy dispuesto
a tener que recoger por culpa de esta historia una cosecha de palos que
no he sembrado. (Sale.) CIRENE.-
No creo,
por Cástor, que si este hombre se alimentara solamente de mostaza,
pudiera tener tan mal humor. GIMNASIA-
De todas formas, por irascible que sea confío en poder cambiar su carácter
a fuerza de zalamerías, súplicas y demás recursos propios de
cortesanas. MILFIDIPA.-
Tranquilas,
os aseguro que yo he visto domar a un elefante indio y a otras fieras
salvajes. Volvamos junto a Fronesia y contémosle lo sucedido.
DiniarcoDINIARCO.- Los peces, que pasan toda la vida en el agua, creo yo que se bañan menos de lo que se baña Fronesia. Si se pudiera hacer el amor a las mujeres tanto tiempo como pasan bañándose, todos los amantes se harían instructores de baño. Pero,
¿por qué se arreglará tanto? A alguien espera, me figuro que al
soldado. Él es el único que les preocupa.. A él es a quien están
todas ellas ávidas por devorar, en él es en el único en que piensan.
De mí, en cuanto él llegue, nadie se volverá a acordar, como si ya
hiciera doscientos años que hubiera muerto. ¡Qué dulce es conservar
la fortuna!. Pero ahí sale Fronesia.
Fronesia, DiniarcoFRONESIA.-
(Saliendo de casa, acompañada por
unas esclavas.) Dime, amor mío, ¿acaso suele morderte mi puerta,
que tienes miedo de entrar? DINIARCO.-.
(Al público) Ved la primavera.¡qué flor más lozana!, FRONESIA.-
Salud Diniarco. DINIARCO.-
¡qué aroma, qué deslumbrante resplandor!
. FRONESIA.-
¿Cómo eres tan antipático, Diniarco, que no le das a tu regreso de
Lemnos, un beso a tu amada? DINIARCO.-
(aparte)¡Ah, estoy perdido, irremisiblemente! FRONESIA.-
¿Por qué me das la espalda? ¿es que ya no te gusto? DINIARCO.-
Salud Fronesia. FRONESIA.-
Querido Diniarco ¿Cenas hoy en mi casa, para celebrar que has regresado
sano y salvo? DINIARCO.-
(Excusándose tímidamente.) Estoy
comprometido. FRONESIA.-
¿Y dónde vas a cenar? DINIARCO.-
(Desbordante de alegria.) Dónde
tú quieras. FRONESIA.-
En mi casa. Me sentiré muy contenta.Abrázame. DINIARCO.-
¡Encantado! (Abrazándola) ¡Ah!
Este placer es más dulce que la miel. En este momento, Júpiter, soy más
afortunado que tú. FRONESIA.-
¿Me das un beso? DINIARCO.-
No uno sino diez. FRONESIA.-
¿Ves? Por eso eres pobre. Ofreces más de lo que te pido y deseo. DINIARCO.-
¡Lástima que desde el principio no hubieras sido tan ahorrativa con mi
dinero, como ahora quieres serlo con mis besos! (Cambiando
de tema.) Pero,¿Qué novedoso lío es ése en que te has metido,
durante mi ausencia? ¿has tenido un hijo? FRONESIA.-
Ahora que
tú eres el único testigo de mis palabras y sabes que a ti yo siempre
te he confiado mis principales proyectos, te aseguro que ni he dado a
luz a un niño ni he estado embarazada, aunque no niego que he fingido
estarlo. DINIARCO.-
¿De quién?
, FRONESIA.-
Del soldado babilonio, que el año pasado casi me tuvo como esposa,
mientras estuvo aquí. DINIARCO.-
Me lo había imaginado. Pero, ¿para qué? ¿Qué pretendías conseguir
con esa farsa? FRONESIA.-
Quería tener un lazo, una cadena para reconducirlo a mi lado de
nuevo. Y acaba de contestarme a mi carta, diciéndome que ahora va a
comprobar lo grande que es el amor que le profeso. Asegura que, si no
dejo morir a la criatura y la reconozco como hijo, todos sus bienes
serán míos. DINIARCO.-.
Y al fin ¿qué hiciste? FRONESIA.-
Astafia, viendo acercarse el décimo mes, ordena a nuestras esclavas que
vaya cada una a un sitio distinto a encargar y buscar un niño o una
niña, para hacerla pasar por
mío. En dos palabras, ¿conoces a nuestra peluquera siria, que vive
frente al templo? DINIARCO.-
Sí. FRONESIA.-
Pues, como ella debido a su trabajo tiene que ir de casa en casa, ha
descubierto un niño y me lo ha traído en secreto. Dijo que se lo habían
dado. DINIARCO.-
¡Qué bribona! Así que ahora resulta que no lo parió la que de verdad
lo parió, sino que lo parió la que no lo parió , es decir, tú. FRONESIA.-
Lo has
entendido todo a la perfección. Pues bien, según el mensaje que me ha
enviado el soldado, no tardará mucho en estar aquí. Por lo que tengo
que dejarte, Adiós Diniarco... DINIARCO.-
Que te vaya bien. (Fronesia entra en casa ) ¡Oh dioses inmortales! No es propio de una amante
sino de una amiga íntima y
leal hacer lo que ella acaba de hacer conmigo: confiarme el secreto de
su falso hijo, un secreto que no confía
una hermana a su propia hermana.. ¿Cómo voy yo, pues, a dejar de
amarla ¿Cómo voy yo a dejar de quererla? Ahora mismo vaya mandar
traerle cinco minas y, además, comprarle provisiones, al menos por importe
de otra mina. Prefiero que tenga medios para vivir bien (sale de escena) FIN DEL PRIMER ACTO |
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