Filólaques, Fanisco, Gripo, Milfión, Diniarco

FILOLAQUES- Ni toda la vida le bastaría a un amante para aprender todos los medios que tiene de arruinarse.

FANISCO- Ni la propia Venus, que tiene el mando supremo de los asuntos del amor, será capaz jamás de calcular cuántos métodos hay para burlar a un aman­te.

GRIPO- Cuántas formas de arruinarlo,

MILFION-  Cuántas plegarias para plegar su voluntad.

GRIPO- ¡Cuántos halagos, cuántos arrebatos de cólera!

MILFION- ¡Santo Cielo! ... y eso sin contar los regalos.

FILOLAQUES- En primer lugar está el salario anual. Es el primer sablazo. A cambio se te conceden tres noches.

FANISCO- Entretanto te pide o dinero o vino, aceite o trigo, tratando de averiguar si eres ge­neroso o ahorrativo.

GRIPO-¿No habéis visto cómo el pescador, tras lanzar la red, tira de la cuerda y, si algún pez se introdujo en ella, procura que no se escape, girando la red a un lado y a otro, para retenerlo apri­sionado, y no ceja en su empeño hasta que no lo saca a la su­perficie?. Pues lo mismo le sucede al enamorado.

MILFION- Si da lo que le piden y es más generoso que ahorrativo, se le conceden algunas noches más.

GRIPO- Entretanto él traga el anzuelo.

FILOLAQUES- Si se le conceden pocas noches, sufre su espíritu.

MILFION- Si logra aumentar su número, él es feliz

GRIPO-  Pero se resiente su eco­nomía,

FANISCO- Antes de que le hayas hecho un sólo regalo, ya tiene cien nuevas peticiones preparadas para hacerte:

FILOLAQUES- O perdió una joya

FANISCO- Se le rompió la capita

MILFION- Un vaso de plata

FANISCO- Un vaso de bronce

FILOLAQUES- Unos armaritos griegos o...

MILFION- En resumen, siempre hay algún motivo para pedir y para que el amante quede en deuda con su cortesana.

FILOLAQUES- Y mientras arruinamos nuestro patrimonio

FANISCO- Nuestra reputa­ción

GRIPO- Y nos arruinamos a nosotros mismos

DINIARCO -  En cuanto a mí (señalando la casa de Fronesia), la cortesana que vive en esta casa, Fronesia, ha expulsado su nombre comple­tamente de mi espíritu, Pues yo reconozco que he sido su principal, su más íntimo amante, lo que es con mucho la peor desgracia que le puede ocurrir a la bolsa de un enamorado. Pero ella, en cuan­to encontró a otro más espléndido y manirroto, un soldado babilonio por el que la muy bribona decía que sentía una pro­funda antipatía, me bajó enseguida de mi pedestal. Ahora dicen que el tal soldado está a¡ punto de llegar del extranjero. Por este motivo ha tramado el siguiente engaño: ha fingido haber dado a luz a un niño, con miras, sin duda, a deshacerse de mí, y ha fingido que el tal soldado es su padre. Es para hacer el amor sólo con el soldado, para lo que ha inventado esa historia del falso hijo. Cree que puede engañarme. ¿Acaso, pensó que, si hubiera estado embarazada, hubiera podido ocultármelo? Y es que yo he llegado anteayer a Atenas, proce­dente de Lemnos, adonde fui enviado en misión oficial. Pero he ahí a Astafia y Pánfila, sus criadas.

Astafia, Pánfila, Diniarco

ASTAFIA.--(Saliendo de casa, a los esclavos que quedan en casa.) ¡Sí! ¡No lo olvido! Ahora mismo voy a buscarlo y si está en casa lo traigo de vuelta! ¡Pánfila! ¡Pánfila! ¿dónde se habrá metido esta chica?

(aparece Pánfila)

ASTAFIA.- (a Pánfila) Aguza el oído y vigila bien la casa, no sea que algún visitante se vaya más cargado de lo que ha venido, o que uno que haya entrado con las manos vacías salga con ellas llenas.

PANFILA.-Ya conoces a los jóvenes. Vienen a casa de las cortesanas en pandillas de  cinco o seis con un propósito bien definido.

ASTAFIA.- En cuanto entran en casa, uno de ellos se encarga de cubrir de besos a su amiga, mientras los demás actúan. Y encima, comen a nuestras ex­pensas, embutiéndose como chorizos!.

PANFILA.- Para ellos es una heroicidad y una proeza robar a unas pobres cortesanas.

ASTAFIA- Pero nosotras, por Cástor, sabe­mos recompensar generosamente a nuestros ladrones. Pues ellos mismos ven cómo los despojamos de sus bienes e inclu­so ellos mismos vienen voluntariamente a traérnoslos.

ASTAFIA Y PANFILA.-- (Se ríen de sus conclusiones)

DINIARCO.- (Aparte.) Es a mí a quien fustigan con esas pala­bras porque yo he traído a su casa mis bienes.

ASTAFIA.-  Pero, ¿no es ése Diniarco? Claro que lo es.

PANFILA.-¡Salud!

DINIARCO.- ¿Cómo estás?

ASTAFIA.--Tan bien de salud como aquel a quien saludo. Para celebrar tu regreso del extranjero, serás invitado a cenar.

DINIARCO.- Gracias por la invitación, eres muy amable.

ASTAFIA.--(Tratando de soltar la mano de DINIARCO, que la tiene fuertemente agarrada.) Por favor, déjame ir adonde me ordenó mi ama.

DINIARCO.- Ve. Pero ¿Adónde diriges tus pasos? ¿A quién vas a buscar?

ASTAFIA.—(disimulando) A Arquiline, la comadrona

DINIARCO.- Eres una bribona, que hace honor a su maes­tra. Te he cogido en flagrante delito de mentira, bribona.

ASTAFIA.--Dime, ¿por qué?

DINIARCO.- Porque dijiste que ibas a buscar lo  y no a bus­car la. En un momento se convirtió de hombre en mujer. Eres una maldita bruja. Pero dime de una vez de quién se trata,¿Un nuevo amante?

PANFILA.- Me parece que eres un hombre muy desocu­pado.

DINIARCO.- ¡Oh, no era así sino con dulzura como solías hablarme antes, cuando el dinero que ahora está en vuestro cofre, estaba en el mío!

ASTAFIA.--Al hombre se le conoce, mientras está vivo. Una vez que ha muerto, descanse en paz. A ti, mientras estabas vivo, te conocía.

DINIARCO.- ¿Es que me tomáis por muerto?

PANFILA.- ¿Acaso podría estar más claro? Tú que antes eras considerado el principal de los amantes, ahora no tienes para ofrecer a tu amiga más que lamentos.

DINIARCO.- Pero yo no estoy com­pletamente muerto. Todavía tengo una casa y unas fincas.

ASTAFIA.- Cariño, entonces, ¿por qué te quedas a la puerta, como si fueras un extraño o un desconocido? Entra.

PANFILA.-Tú, desde luego, no eres un extraño. Te juro, por Cástor, que no hay hombre al que ella ame más con todo su corazón y toda su alma,

ASTAFIA.- si de verdad tienes una casa y unas fincas.

PANFILA.-¡no sabes las ganas que tenía mi ama de verte!

DINIARCO.- ¿Por qué?         

PANFILA.--Porque eres el único de todos que ama de ver­dad.

DINIARCO.- ¡Bravo por la casa y las tierras! ¡Qué a punto

habéis acudido en mi socorro!¿Está ahora en casa Fronesia?

ASTAFIA.--Para los demás no sé; para ti, desde luego que está en casa.

DINIARCO.- ¿Y dices tú que me ama?

PANFILA.- Sí, única y exclusivamente a ti.

DINIARCO.- He oído decir que había dado a luz.

ASTAFIA.--Se me ponen los pelos de punta, pobre de mí, cada vez que oigo hablar del parto. ¡Qué poco faltó para que te quedaras sin tu Fronesia! Entra en casa, por favor; ve a ver­la. Pero espera un instante, porque se estaba bañando.

DINIARCO.- Dime una cosa. Si nunca estuvo encinta, ¿cómo pudo dar a luz? Porque, desde luego, que yo recuerde,  jamás la he visto embarazada.

PANFILA.- Disimulaba, por temor a que tú la indujeras a abortar y matar al niño.

DINIARCO.- Entonces, está claro, por Pólux, que el padre del niño es el soldado babilonio, cuya llegada ahora espera impacientemente. Tengo que ver a Fronesia, la esperaré aquí, en vuestra casa. (Entra en casa de Fronesia.)     

 

Astafia, Pánfila, Milfidipa, Gimnasia, Cirene, Sosia

PANFILA.- .¡Uf! ¡Al fin podemos respirar tranquilas, ahora que se ha marchado este pelmazo! ¡Por fin solas! Ahora sí que podemos, decir libremente, a nuestro antojo, lo que queramos y lo que nos apetez­ca. (Señalando la puerta de la casa de su ama por la que aca­ba de entrar Diniarco.)

ASTAFIA.- Al patrimonio de este enamorado nuestra ama le ha entonado el responso fúnebre en nuestra casa. Hasta sus fincas y su casa las ha hipotecado para alquilar la huerta del Amor.

(Entran a escena las meretrices)

PANFILA.-Lo que tuvo, lo dio. Ya nada tie­ne.

ASTAFIA.-Lo que él tenía, lo tenemos nosotras.

PANFILA.-Y ahora tiene él lo que nosotras tenemos!. Así es la vida.

Sería un sacrilegio por nuestra parte compa­decemos de los hombres que administran mal su fortuna.

ASTAFIA.- ¡a ver, vosotras!, ¡a ver si tomáis nota de cómo debe ser una buena cortesana!

CIRENE.- Una verdadera cortesana ha de tener una dentadura perfecta para son­reír a todo el que aparezca por su puerta y ha de ser muy ama­ble.

SOSIA.-Malas deben ser sus intenciones, buenas sus palabras.

GIMNASIA.-Una cortesana tiene que parecerse a un zarzal: a cualquiera que roce, ha de ocasionarle arañazos y heridas.

MILFIDIPA.- Una cortesana nunca ha de investigar las razones de su amante. Pero, si no paga, ha de licenciarlo como si de un desertor se tratarse.

CIRENE-Un amante, nunca será digno de este nombre, si no es enemigo de su fortuna. Mientras tenga, que ame; cuando ya no tenga nada, que se busque otro oficio.

SOSIA-Que se resigne, cuando ya no tenga nada, a ceder el puesto a otros que sí tengan. Pierde el tiempo si, cuando acaba de dar, no le apetece ya dar de nue­vo.

GIMNASIA-En nuestra casa se ama al que, después de dar, se olvida de lo que ha dado.

MILFIDIPA.-El verdadero amante es aquel que, dejando a un lado sus asuntos, no piensa más que en derrochar su for­tuna. Sin embargo, los hombres suelen quejarse de que los tra­tamos mal y de que somos unas codiciosas. ¿Por qué lo somos? ¿Por qué los tratamos mal?

CIRENE-. Nuestra obligación es buscar siempre clientes frescos que tengan sus arcas intactas para hacer re­galos.

PANFILA.- Y éste es el caso del joven campesino (señalando la casa del Cascarrabias) que vive en esta casa. A él nos ha mandado Fronesia venir a buscar.

ASTAFIA.- ¿Por qué no vais vosotras a buscarlo y le mostráis los “beneficios” de estar en vuestra compañía? 

GIMNASIA.- Pero tiene un carácter muy irascible,y en cuanto nos ve a alguna de nosotras aproximamos a su casa, con los mismos gritos que espanta a una bandada de gansos para alejados de los muelas de trigo, nos ahuyenta a nosotras de su casa.

MILFIDIPA-¡Qué aldeano es!

ASTAFIA.-¡ Pero, no seáis tontas, llamad y traedlo a casa, Fronesia quiere hablar con él

PANFILA.- y no os entretengáis

CIRENE-. (Golpeando la puerta de la casa de Estrábax.) ¿No hay nadie encargado de la custodia de esta puerta? ¿No viene nadie a abrir?

Cascarrabias, Milfidipa, Sosia, Cirene, Gimnasia

CASCARRABIAS.-¿Quién es el que aporrea tan brutalmente mi puerta?

CIRENE.- Soy yo, mira hacia a mí

CASCARRABIAS.- ¿Cómo que "yo"?

CIRENE- ¿es que para ti, yo no soy yo?

CASCARRABIAS.- ¿Quién os ha dado permiso para acercaros a mi casa y llamar a mi puerta?

MILFIDIPA.- ¡Salud!

CASCARRABIAS.-Al diablo con la salud. No la quiero. No la acepto. Preferiría estar enfermo a sano gracias a ella. Pero, ¿se puede saber qué se os ha perdido en nuestra casa?

GIMNASIA.- Por favor, córrete... hacia allá.

CASCARRABIAS.-Eso tú, por Pólux, que estás bien acostumbrada a ello. ¡Serás descarada para venir a burlarte de un alde­ano, proponiéndole acciones deshonestas!

SOSIA.- Ha dicho "hacia allá". Has comprendido mal. Le has quitado dos palabras a la frase ¡Qué hombre más cas­carrabias!

CASCARRABIAS.-¿Sigues, maldita mujer, insultándome?

SOSIA.- ¿Por qué te insulto?

CASCARRABIAS.-Porque me estás llamando "cascarrabias". Pues bien, si no te largas ahora mismo de aquí o me dices lo que quieres rápidamente, te juro, por Hércules, mujer, que como pisotea una cerda a sus lechones, te pisotearé yo a ti la cabeza.

CIRENE.- ¡Qué hombre más bruto y aldeano!

CASCARRABIAS.-¡Vergüenza sí que os debía dar a vosotras, atajo de monas! ¿O creéis hermosas porque os han regalado unos brazaletes de bronce? Os apuesto lo que queráis a que son de madera esas joyas que os cuelgan de las orejas.

MILFIDIPA.- No me toques.

CASCARRABIAS.-¿Tocarte yo a ti? Te juro por mi azada que preferiría abrazar en el campo a una vaca de vulva kilomé­trica y pasar con ella en el establo la noche entera, que reci­bir como regalo cien noches en tu compañía. ¿Me tildas de aldeano? ¡Pues sí que has dado con uno que se avergüenza ello! Pero, ¿se puede saber qué se os ha perdido en nuestra casa? Supongo que venís a buscar al hijo de mi amo.

CIRENE.- ¿Por qué gritas? ¿Estás loco?

CASCARRABIAS.- Si no os dais prisa en largaros de aquí a paso ligero, os juro por Hércules, que esas pelucas postizas que lleváis puestas, con sus bucles tan bien peinados, rizados y perfumados os la arranco de raíz de la cabeza. ¡Bribonas!

GIMNASIA.-¿Y qué daño te han hecho a ti estas bribonas?

CASCARRABIAS.- Yo sé más de lo que tú te crees.

MILFIDIPA- Di, ¿qué es lo que sabes?

CASCARRABIAS.-Pues que Estrabax, el hijo de mi amo,  se pierde en vuestra casa y que con vuestras seducciones lo conducís a la ruina y a la deshonra.

GIMNASIA.- Si creyera que estás bien de la cabeza, te diría: "Me estás injuriando." Ningún hombre se pierde en nuestra casa. Lo que pierden es su fortuna.

CASCARRABIAS.- ¿Ah, si? Pues ¡que nadie le de crédito a una sola palabra mía si no le cuento a mi viejo amo vuestras fechorías!

SOSIA.- ¿Y es tan irascible como tú?

CASCARRABIAS.- No fue haciendo regalos a “cortesanuchas” como mi amo labró su fortuna, sino a fuerza de ahorros y sacrifi­cios. Y ahora vosotras os la estáis comiendo, bebiendo, derrochando en perfumes cada vez que Estrabax, va a vuestra casa. ¿Y voy a mantener todo esto en secreto?. Ahora mismo me voy al foro a contárselo a su padre. No estoy dispuesto a tener que recoger por culpa de esta historia una cosecha de palos que no he sembrado. (Sale.)

CIRENE.- No creo, por Cástor, que si este hombre se alimentara solamente de mostaza, pudiera tener tan mal humor.

GIMNASIA- De todas formas, por irascible que sea confío en poder cambiar su carácter a fuerza de zalamerías, súplicas y demás recursos propios de cortesanas.

MILFIDIPA.- Tranquilas, os aseguro que yo he visto domar a un elefante indio y a otras fieras salvajes. Volvamos junto a Fronesia y contémosle lo sucedido.

Diniarco

DINIARCO.- Los peces, que pasan toda la vida en el agua, creo yo que se bañan menos de lo que se baña Fronesia. Si se pudiera hacer el amor a las mujeres tanto tiempo como pasan bañándose, todos los amantes se harían instructores de baño.

Pero, ¿por qué se arreglará tanto? A alguien espera, me figuro que al soldado. Él es el único que les preocupa.. A él es a quien están todas ellas ávidas por devorar, en él es en el único en que piensan. De mí, en cuanto él llegue, nadie se volverá a acordar, como si ya hiciera doscientos años que hubiera muerto. ¡Qué dulce es conservar la fortuna!. Pero ahí sale Fronesia.

Fronesia, Diniarco

FRONESIA.- (Saliendo de casa, acompañada por unas esclavas.) Dime, amor mío, ¿acaso suele morderte mi puerta, que tienes miedo de entrar?

DINIARCO.-. (Al público) Ved la primavera.¡qué flor más lozana!,

FRONESIA.- Salud Diniarco.

DINIARCO.-  ¡qué aroma, qué deslumbrante resplandor!                  .

FRONESIA.- ¿Cómo eres tan antipático, Diniarco, que no le das a tu regreso de Lemnos, un beso a tu amada?

DINIARCO.- (aparte)¡Ah, estoy perdido, irremisiblemente!

FRONESIA.- ¿Por qué me das la espalda? ¿es que ya no te gusto?

DINIARCO.- Salud Fronesia.

FRONESIA.- Querido Diniarco ¿Cenas hoy en mi casa, para celebrar que has regresado sano y salvo?

DINIARCO.- (Excusándose tímidamente.) Estoy compro­metido.

FRONESIA.- ¿Y dónde vas a cenar?

DINIARCO.- (Desbordante de alegria.) Dónde tú quieras.

FRONESIA.- En mi casa. Me sentiré muy contenta.Abrázame.

DINIARCO.- ¡Encantado! (Abrazándola) ¡Ah! Este placer es más dulce que la miel. En este momento, Júpiter, soy más afortunado que tú.

FRONESIA.- ¿Me das un beso?

DINIARCO.- No uno sino diez.

FRONESIA.- ¿Ves? Por eso eres pobre. Ofreces más de lo que te pido y deseo.

DINIARCO.- ¡Lástima que desde el principio no hubieras sido tan ahorrativa con mi dinero, como ahora quieres serlo con mis besos! (Cambiando de tema.) Pero,¿Qué novedoso lío es ése en que te has meti­do, durante mi ausencia? ¿has tenido un hijo?

FRONESIA.- Ahora que tú eres el único testigo de mis palabras y sabes que a ti yo siempre te he confiado mis principales pro­yectos, te aseguro que ni he dado a luz a un niño ni he estado embarazada, aunque no niego que he fingido estarlo.     

DINIARCO.- ¿De quién?                  ,

FRONESIA.- Del soldado babilonio, que el año pasado casi me tuvo como esposa, mientras estuvo aquí.

DINIARCO.- Me lo había imaginado. Pero, ¿para qué? ¿Qué pretendías conseguir con esa farsa?

FRONESIA.- Quería tener un lazo, una cadena para recon­ducirlo a mi lado de nuevo. Y acaba de contestarme a mi carta, diciéndome que ahora va a comprobar lo grande que es el amor que le profeso. Asegura que, si no dejo morir a la criatu­ra y la reconozco como hijo, todos sus bienes serán míos.

DINIARCO.-. Y al fin ¿qué hiciste?

FRONESIA.- Astafia, viendo acercarse el décimo mes, ordena a nuestras esclavas que vaya cada una a un sitio distin­to a encargar y buscar un niño o una niña, para hacerla pasar  por mío. En dos palabras, ¿conoces a nuestra peluquera siria, que vive frente al templo?

DINIARCO.- Sí.

FRONESIA.- Pues, como ella debido a su trabajo tiene que ir de casa en casa, ha descubierto un niño y me lo ha traído en secreto. Dijo que se lo habían dado.

DINIARCO.- ¡Qué bribona! Así que ahora resulta que no lo parió la que de verdad lo parió, sino que lo parió la que no lo parió , es decir, tú.

FRONESIA.- Lo has entendido todo a la perfección. Pues bien, según el mensaje que me ha enviado el soldado, no tar­dará mucho en estar aquí. Por lo que tengo que dejarte, Adiós Diniarco...

DINIARCO.- Que te vaya bien. (Fronesia entra en casa ) ¡Oh dioses inmortales! No es propio de una amante sino de  una amiga íntima y leal hacer lo que ella acaba de hacer conmigo: confiarme el secreto de su falso hijo, un secreto que no  confía una hermana a su propia hermana.. ¿Cómo voy yo, pues, a dejar de amarla ¿Cómo voy yo a dejar de quererla? Ahora mismo vaya mandar traerle cinco  minas y, además, comprarle provisiones, al menos por importe de otra mina. Prefiero que tenga medios para vivir bien (sale de escena)

FIN DEL PRIMER ACTO

Para Salir, cerrar esta ventana