| BIBLIOTECAS
Y LECTURAS
Chus JUSTE
No
sólo es que aún existan las bibliotecas, si no que cada
día se hacen más necesarias. Las bibliotecas se han convertido
en lugares de encuentro, centros tolerantes y diversos, multiculturales
y también en espacios donde se ha democratizado el acceso a la
información. Las nuevas tecnologías se van incorporando
a las bibliotecas y conviven en armonía con esos viejos amigos,
imprescindibles también, por mucho que algunos digan, esos seres
que llevamos en las maletas cuando viajamos, que nos acompañan
en las noches de insomnio o nos mecen antes de dormir, nos hacen más
calurosas las tardes de invierno y nos transportan a otros mundos desde
el sofá de nuestra casa. Los libros, claro. Todos ellos duermen
en las estanterías de las bibliotecas y despiertan cuando algún
lector o lectora los elige, selecciona varios entre los miles y decide
llevárselos en préstamo hasta su casa. En este acto de
elección, de osadía, de atrevimiento, de discernimiento,
hasta de declaración de amor, si cabe, se esconde toda la magia
del acto de leer. La mayoría de las veces nos pasa desapercibido
y no pensamos en su transcendencia, pero en la lectura tan esencial
es el momento del antes, como el del ahora y el de después. Las
bibliotecas nos permiten, además, equivocarnos en el momento
de elegir, nos ofrecen la posibilidad de volver una y otra vez hasta
dar con la lectura que necesitamos para ese momento.
Las personas que siempre se fían
del criterio del profesional o de sus amigos, o de sus maestros y nunca
eligen los libros que van a leer, se pierden parte del proceso, dejan
que los demás les preparen el viaje y, aunque a veces funciona
y puede resultar mucho más cómodo, en la mayor parte de
las ocasiones es fácil encontrarse en un puerto de no se sabe
qué ciudad, con los billetes de un barco que no se sabe muy bien
dónde, ni cuándo llegará y por supuesto desconoceremos
también los compañeros de travesía. Insisto, a
veces el viaje valdrá la pena y podremos descubrir en él,
lo que Itaca representa, pero nuestro recorrido habrá sido incompleto.
Para disfrutar plenamente del camino previamente hay que informarse
de las diferentes posibilidades y con una mezcla de intuición
y conocimiento adentrarse en él, asumiendo siempre el riesgo
de equivocarse y volver a empezar.
Para que este acto de libertad,
a la hora de la elección de una lectura, pueda darse en una biblioteca,
estos centros están obligados a disponer de una colección
actualizada, que cubra las necesidades de sus usuarios potenciales,
que la mayor parte del fondo sea de libre acceso y que los lectores
y lectoras estén familiarizados con el espacio y con la organización
del material.
Todo el mundo cabe en una biblioteca,
hablamos siempre de Bibliotecas Públicas y/o Municipales. Y para
que tanto mayores como pequeños se sientan a gusto, conozcan
su fondo y sepan dónde encontrar el material que necesitan, se
hacen imprescindibles las actividades de formación de usuarios,
animación a la lectura y difusión de la biblioteca.
Este tipo de actividades favorecen
un encuentro placentero entre el lector/a y el libro, el espacio, el
edificio y su funcionamiento. Para disfrutar de una biblioteca y utilizarla
correctamente es necesario controlar una serie de reglas, que nos darán
las claves para movernos libremente y ser cada vez un poco más
autónomos e independientes a la hora de encontrar y seleccionar
el material que buscamos. Es por eso que, como uno de nuestros objetivos
es crear y afianzar lectores y hacer que estos sean cada vez más
autónomos, independientes y con mayor criterio, en las bibliotecas
no dejamos de fabricar excusas, tácticas y estrategias para primero
acercar y atraer a los usuarios y después intentar que estos
se sientan como en casa y encuentren respuestas a sus intereses.
Y llegados a este punto, cada biblioteca
es un mundo, pero es sencillo encontrarse con programaciones que incluyen
encuentros con autores, ilustradores, presentaciones de libros, exposiciones,
charlas, talleres de cualquier tipo y condición, ciclos de cuentos
para todas las edades, un trabajo incesante de coordinación y
colaboración con los centros escolares, grupos de lectura, visitas
guiadas, excursiones culturales, rutas botánicas, aventuras miles
en colaboración con otros departamentos, asociaciones o instituciones
etc. El listado se haría interminable. Con este tipo de actividades,
todas ellas muy lejos del espectáculo y más cerca del
placer íntimo y de la sorpresa, nuestros usuarios, que son todos
los habitantes de nuestros pueblos y ciudades, consiguen descifrar los
enigmas que se esconden entre los signos de las signaturas, encontrarse
y ponerse a salvo en medio del huracán y las tormentas de los
catálogos, descubrir el placer intenso que produce un rato de
buena lectura, escuchar y sorprenderse con palabras e historias que
casi siempre vienen de otros mundos. En ocasiones se emocionan, se asustan,
se ríen.
Nadie es el mismo cuando sale de
una biblioteca y mucho menos si va acompañado de un buen libro.
* Chus
Juste. Bibliotecaria de Zuera
|