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| INVITACIÓN A LA LECTURA con ALMUDENA GRANDES
Departamento
de Lengua y Literatura
Durante el curso 2002/2003 el Instituto de Educación Secundaria
Martínez Vagas participó en el programa “Invitación
a la lectura”. Tuvimos el privilegio de contar con la presencia
de la escritora Almudena Grandes, quien nos brindó la oportunidad
de compartir sus vivencias y experiencias literarias en una charla-conferencia
muy amena. “Si
algún día la vida te maltrata, INTRODUCCIÓN
El vocabulario de los balcones es un relato de Almudena Grandes.
El título encierra las claves de comprensión de la película
Aunque tú no lo sepas, ya que el escenario principal
de la misma son los balcones de los dos pisos de los protagonistas,
donde se producen los intercambios de sentimientos a través de
la mirada. “… ni podría ahora reconstruir el momento exacto en que mis hombros comenzaron a acusar el peso de sus ojos, esa mirada…” (página 139) “Yo (…) estaba a punto de descubrir el valor de aquellos ojos que tal vez me concedieran el privilegio de existir” (página 142) Lucía corta su relación con Miguel porque “tú no me miras… porque no sabes mirarme” (página 149) El enfoque del texto fílmico es distinto que en el texto narrativo. En la novela conocemos a Juan a través de las reflexiones de Lucía, única narradora en primera persona. Ello evoca todo su pasado sentimental mientras que en la película se evita que cualquier tema desvíe la historia entrecruzada de los protagonistas. ESTRUCTRURA Y ARGUMENTO DE LA NOVELA
El vocabulario de los balcones es uno de los siete relatos
incluidos en el libro Modelos de mujer, de Almudena Grandes.
Este relato tiene una extensión de veinticuatro páginas
y su lectura puede realizarse en un breve espacio de tiempo (aproximadamente
entre media y una hora). Contada en primera persona por la protagonista
femenina, Lucía, está dividido en dos capítulos:
En el primero, Lucía recuerda cómo se reían con
Angelines al ver continuamente a Juan , el “macarrón”,
haciendo especial hincapié en su indumentaria y su forma de llegar
a estudiar al centro de Madrid. El segundo capítulo está
separado del anterior por el paso del tiempo: ahora Lucía relata
que ve a Juan en unos grandes almacenes y lo sigue hasta ver adonde
vive. “…terminé
de desnudarme sin dejar de mirarle, y él me miraba, pero no se
movía, me miraba, pero seguía apostado frente al balcón
(…) y quise no volver a ver a nadie, ninguna cosa, nada, nunca
más, pero contemplé un balcón vacío, abandonado,
y mi corazón estuvo a punto de asomarse al mundo desde la enloquecida
frontera de mi boca. ARGUMENTO DE LA PELÍCULA
Los dos protagonistas, Lucía y Juan, desde su perspectiva de
personas adultas, reviven aquellos años en los que Juan, de familia
modesta, se traslada a vivir con sus abuelos a un piso céntrico
de Madrid, para poder estudiar el Bachillerato, mientras que Lucía
disfrutaba de una adolescencia acomodada. RELACIÓN NOVELA- PELÍCULA
La novela se centra en el punto de vista de la protagonista y conocemos
a Juan a través de sus ojos. Sólo conocemos aquello que
ella nos cuenta: más que novela, parece una reflexión
de Lucía, un recorrido interior, un descubrimiento de sentimientos
que deja caer a modo de pinceladas sueltas. Todo ello nos lleva a imaginar,
más que a averiguar, el porqué de esta relación
visual. LA AMBIENTACIÓN
En Madrid, destacando el barrio en el que suceden todos los acontecimientos
importantes. La manera de destacarlo es contrastando con los demás
escenarios, es decir, el barrio, “antiguo y pequeño, muchos
conventos y casas sin portero, sin ascensor, sin calefacción
central y con más de un siglo a cuestas, una parcela del centro
de Madrid” (pág. 139) mientras que Juan vive en las afueras
de Madrid. ASPECTOS RELEVANTES QUE ESTRUCTURAN LA PELÍCULA La película comienza con una imagen de Lucía en una rueda de prensa hablando en alemán. Inmediatamente después, cambiamos de escenario para encontrar a Lucía en las escaleras mecánicas de unos grandes almacenes. Ve a Juan en la otra escalera, lo mira y lo sigue. Llegan a una tienda de discos, ella observa y el espectador escucha la música que Juan oye con sus auriculares. Lo sigue por las calles y por las escenas que transcurren percibimos el cambio del centro de Madrid cosmopolita para llegar a la intimidad del barrio. Él entra en su casa. Ella dirige la mirada arriba. A continuación, el espectador contempla una imagen de un balcón con muchas plantas. Después vuelve la mirada hacia el otro balcón. Se produce un largo silencio. “Recuerdo
perfectamente que, mientras la escalera mecánica trabajaba por
mis piernas, iba pensando en eso, en mi incapacidad de revolver en los
expositores y encontrar una ganga (…) entre la tercera planta
–caballeros- y la segunda –todo para la mujer-, tuve el
presentimiento de que un tío que subía la mitad (a otra
mujer) (…) y entonces decidí que aquel tío era un
gilipollas, y levanté la vista para mirarle la cara, y no sólo
no tenía cara de gilipollas, sino que, además era él”.
Aparece el título y comienza la película tal y como comienza
el libro, recordando la indumentaria de Juan, el “macarrón”
con su amiga Angelines. Lo que en la novela es una narración,
en la película se convierte en un diálogo entre ellas.
Se intercala una escena que en la novela ocurre después; se trata
de una visita que hace ella a la casa de sus padres. La recorre en penumbra,
hasta que lentamente abre los balcones (al fondo vemos los balcones
de la casa de enfrente). - No se ha casado. En cambio en la novela: -
Él tampoco se ha casado –dijo, sin levantar la vista de
su mano izquierda.
El guión de la película añade la escena en la que
Lucía ve el telediario en su casa; las noticias de la 2. Un avance
científico en torno al mundo de los gorilas. Juan Algora hace
un comentario sobre estos avances. La siguiente noticia tiene que ver
con el presente sentimental de Lucía, desconocido en la novela.
Se trata de una noticia sobre las elecciones. En un feed-back, Lucía
recuerda la conversación tenida con su novio, diplomático
que aspira a emprender su carrera parlamentaria. “Si
alguna vez la vida te maltrata PROCEDIMIENTOS DE ACCIÓN NARRATIVA
La adaptación de la novela al texto fílmico se produce
por el desarrollo de una trama que en el texto literario no existía
realmente; las causas materiales, los acontecimientos puntuales que
provocan en Lucía esos sentimientos no son explicados más
que como recuerdos y evocaciones cargadas de emoción y de suspense.
En el texto fílmico hay toda una trama enfocada desde el punto
de vista de Juan, es decir, aquí conocemos las causas de esa
relación por los ojos de Juan. -
¿Sabes que me han propuesto presentarme con el número
doce por Madrid?
La historia presente es una reproducción de la pasada pero con
los papeles invertidos. Ahora es Lucía la que observa a Juan.
En el texto narrativo este cambio de punto de vista es marcado por la
separación de los dos capítulos de la novela pero en el
texto fílmico son los feed-back los que nos trasladan del presenta
al pasado. La trama es clara: una mujer enfrentada a un hecho cuando
menos curioso pues ella se convierte en la perseguidora de aquel que
lo fue para ella en otro tiempo. Toda la historia está ligada
a la capacidad de desear como motor de la voluntad.
La mirada y los ojos son un punto de referencia básico para expresar
los sentimientos. La cámara los enfoca continuamente en primeros
planos quedando el resto del plano desenfocado o apenas dibujado de
tal forma que el espectador mantiene la vista puesta en esos ojos u
esa leve sonrisa que marca toda la gama sentimental desde la alegría
y satisfacción hasta la completa indiferencia.
La mirada es importantísima ya que la cámara sólo
se mueve para mostrarla. Cuando habla él, el enfoque es en un
primer plano de la cara, pero ella es enfocada desde la cintura para
que el recorrido de los ojos evidencie el tono de humillación
que las palabras ya podrían dejar claro. -
Tú, ¿cómo lo sabes? ¿Me espías? (su
mirada es firme, intimidatorio)
La secuencia se cierra con un cruce de miradas: se ve la tristeza en
sus ojos en un primer plano. -
¿Qué te has hecho en la mano? (dice Lucía) Silencio. Enfoque a Lucía. -
Y que las personas también. (Lucía, con carga emotiva
en los ojos) Todo esto lo sabía ya ella y también los espectadores pues hemos visto las imágenes del telediario y presenciado la conversación con la panadera, pero la relación que nosotros ya intuimos no había tenido todavía lugar. Pensemos que en el texto narrativo el encuentro que conocemos es el que se produce entre balcones (ella lo imita en sus movimientos bucales al tararear una canción: "Le miraba, y casi se sonreía con él. Empezaba a hacer buen tiempo y esa canción se convirtió en una contraseña entre nuestros balcones abiertos. lo demás pasó después, de repente". (página 159) Inmediatamente después se produce el desenlace en la novela. En el texto fílmico la historia va mucho más allá. Se produce uno de los dos diálogos más emotivos que marcan el clímax: la cámara enfoca a los protagonistas en medios planos desde la barra del bar, al fondo la luz entra por la puerta acristalada. Ese bar es un escenario clave (allí tendrá lugar la segunda parte de esta conversación, con un condicionante temporal claro). En esta ocasión, ella le pide disculpas por algo ocurrido en el pasado; -No supe reaccionar. El espectador sólo conoce una escena en la que cabría esta disculpa, y es cuando él le dice que la mira y que la ha visto llorar pero más adelante conoceremos que esa no es la referencia. Juan le quita importancia. Acaban el café. Él se despide y ella, enfocada en primer plano, recuerda la dedicatoria del libro. Este plano de ella leyendo la dedicatoria aparece tres veces en la película, cada vez con un significado distinto, que va desde el desconocimiento al sentido completo de la película. Se produce ahora otro feed-back para recordar el diálogo en el portal de Juan. Las miradas y los silencios junto con un primerísimo plano de la mano de él rozando la de ella explican todo lo contenido. El flash-back continúa con la siguiente escena: en un plano general de la casa de Lucía enfocado desde la casa de enfrente la vemos leer el libro, una luneta la hace reaccionar y la sigue por la casa -el recorrido de la cámara nos va abriendo el plano hasta situar el plano en el teléfono-. Al descolgarlo, suena la música de Serrat -todos los espectadores la oímos e imaginamos de donde procede-. La cámara nos lo muestra cambiando de plano: Juan con el tocadiscos, acerca el teléfono y le pregunta: ¿quieres venir conmigo al concierto de Serrat? No sabemos la respuesta hasta más tarde. Volvemos al tiempo actual. El cambio temporal viene dado por pequeños apuntes en planos-secuencia. Juan con su compañera. Lucía en su trabajo (a la salida la recepcionista le da un sobre). Ahora, es él el que que medita mientras oye la llamada de Lucía en el contestador, que lo invita a un concierto de Serrat. La música salpica toda la obra, y es en los momentos más emotivos cuando acompaña al silencio para la evocación de sentimientos. La música acompaña con un fundido a color a la escena-clave para entender las disculpas de Lucía. Los planos se suceden para mostrarnos cómo Juan abandona su trabajo para llegar a su cita con Lucía (aceptó, por tanto); llega tarde, recorre las calles y se ve envuelta en un altercado callejero; él la salva pero cuando la alcanza Lucía está con su novio: - Este, ¿quién es? (dice el novio) - Uno que vive en el barrio y no deja de darme la lata (contesta ella) La imagen se vuelve lenta, con miradas penetrantes; ella se va y el giro de la cámara hace que veamos su ceja abierta. El guionista se ha inventado la escena del altercado pues en la novela la ceja se la abre de un puñetazo el novio de Lucía. La misma mirada de aquella noche mantiene Juan tras un fundido a negro; volvemos al pasado y en un plano general, Juan se aleja dejando caer dos entradas al suelo. La cámara se acerca hasta enfocarlas en primer plano. La imagen se difumina y volvemos al presente. Tras unas escenas que nos permiten relajar la emoción llegamos al clímax: Juan, sentado en un bar, observa, a través de la ventana, a Lucía, en el portal de su casa. Sale a buscarla y la ve. Él le pide ahora disculpas por no haber ido al concierto: - Se me hubieran removido muchas cosas... Aunque tú no lo sepas aquella noche... (la camarera interrumpe) aquella noche (silencio) me partiste el corazón. Ella posa su mano en la de él (al contrario que en la escena del patio de la casa de los abuelos de Juan) en un primer plano: - Tú has sido lo más bonito que me ha pasado en la vida. Y él retira su mano. Se enfoca en el siguiente plano como ambos bajan la mirada. La música envuelve la escena. Es ahora cuando para precipitar el desenlace los fundidos a color, sobre todos los de colores ocres, amarillentos -que marcan los atardeceres y anocheceres.- juegan un importante papel para marca el tiempo definido -un día y una noche- que pasan nuestros protagonistas pensando. Las escenas se alternan para marcar simultaneidad entre los acontecimientos. El silencio y la música son los dos protagonistas de la escena final, marcada por los cambios de enfoque de la cámara para que veamos qué hacen Juan y Lucía esa última secuencia. También marca la intensidad del momento el enfoque de cámara lenta, que posibilita detenerse más en el sentimiento. Así, vemos a Juan caminando en cámara lenta hasta el portal de Lucía. Los últimos planos dejan en suspense el desenlace final. La última secuencia: Lucía duerme en el suelo de su casa ya recogida. Juan observa los balcones acompañado por la cámara. Se da cuenta del vacío de las estanterías. Lucía parace percibir esa mirada, despierta y se asoma al balcón. Se produce un cruce de miradas y Juan cierra su balcón. El espectador se posiciona en los sentimientos de Lucía. Creyéndose rechazada, se desliza hasta sentarse lateralmente apoyada en una de las hojas. La cámara la observa en un plano general. Absorta en sus pensamientos, no ve lo que nos muestra la cámara en ese enfoque en cámara lenta. Juan cruza la calle y timbra. El plano de ella levantándose y saliendo de escena nos lleva, con un fundido a negro, al final de la película. Tampoco sabemos qué ocurre entonces. El final del film y el de la novela coinciden plenamente. El espectador decide, con todos los datos dados por la cámara, qué ocurrirá. Pensemos que Lucía decía en la novela: "...fui yo quien bajó la cabeza. Él cruzaba la calle con la suya más alta, los hombros por fin erguidos" (página 160) La música, el enfoque de planos y la mirada de ambos nos precipitan a un final irremediable, pero, ¿cuál? No hemos hablado del escenario principal de la película: los balcones, verdaderos protagonistas pues nos permiten entrar en los sentimientos del otro. Los últimos planos de la película son los balcones. En eso, el director ha sido fiel al texto narrativo, pues destaca en la novela la descripción de lo que se ve desde el balcón, que parece ser el centro de la casa. * Extraído de Invitación a la lectura. Curso 2003-2004.
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